< Detras de la cortina

Cuento: Pensando en Menta

¡Adelina, ya despierta huambrilla ya! —es mi mamá llamándome. Seguro ya estoy tarde para darle de comer a los pollitos. Lo haré rápido para poder desayunar y no tener tardanza en el colegio. —¡Vamos Menta que nos hacemos tarde! —. Menta es mi cabrita, ayer me la regaló mi papá. Ella es blanca como el algodón y tiene una mancha negra en el cuello. Menta además es muy traviesa, mi papá cuenta que se comió un cojín del señor Pedro antes que se la diera.

En mi colegio se conocieron mis papás y yo nací poco después que mi papá terminara secundaria, mamá no la terminó. En el recreo a mí me divierte muchísimo jugar Capchu con mis amigas. Duro grita siempre la profesora Marita, papá –. Seguro tus compañeros son unos maleducados pues hijita —. De tarea hoy me dejaron escribir veinte veces: “Mi nombre es Adelina y tengo siete años.” Escribir me parece interesante, pero quisiera que mi letra sea más bonita como la de mi papá. A veces lo observo escribir papeles para sus reuniones.

¿Cómo fue el camino al colegio Adelina? ¿Todavía está bien, di? —me pregunta mi papá porque hay crecida de río y varios caminos están malogrados. Por suerte yo aún puedo ir al colegio, pero papá está preocupado por la chacra donde trabaja. Esta tarde tiene reunión de concejo en el pueblo, ahí le dicen el “Juez Sordo”, porque es nuestro juez de paz y está algo sordo por un motor que cuando niño le estalló cerca. —Papá, tú eres Justo el “Juez Sordo”, ¿di? ¡Ja, ja, ja! Ya vuelta vas a fastidiar con eso, Adelina —. Siempre que regresa de las reuniones llega renegando sobre las minas ilegales y los sembríos de coca, dice que destruyen mucho la naturaleza. A él le encantan las plantas y los animales, cuenta que de niño soñaba con ser veterinario.

¡Ay Justo, deberías hacer la mina y ya! —le dice mi mamá molesta y se ponen a discutir. Rara vez discuten, pero papá contó que los sembríos de cacao van a desaparecer y quizás vaya a un campamento a construir carretera. Yo ya no puedo ir al colegio y, como la mercadería ya no llega, mi mamá perdió su trabajo en la bodega de la señora Rita. Todos andan de mal humor ahora, papá dice que podríamos mudarnos con mi abuelita Marla mientras él construye la carretera pero mamá habla de ir a Lima. Yo no quiero alejarme de mis amigos del pueblo y me da mucha pena dejar a Menta, pero mamá me dice que la señora Rita la podría cuidar.  

Vamos, lleven sus cosas p’adentro —. Oye Miguel, estás hecho un shepleco, algo deberías comer ya —. Y seguro tu marido, el sordo, está todo un buchisapa de comer tanto inguiri —se dicen mamá y mi tío Miguel después de darse un largo abrazo.  Hemos llegado a Lima de noche y hace bastante frío comparado con Aucayacu. Mi tío nos da un té para calentarnos y me presta su televisor mientras ellos conversan. Su casa es un poco más chica que la mía y en una esquina hay una gran arpa cubierta con una tela azul. Mientras veo telenovelas, escucho que mi mamá dice que necesita trabajo y pregunta si hay algún colegio cerca. Mi tío le responde que hay bastante trabajo, que tocar el arpa ahora no le está pagando, así que tiene otros trabajos y que por ahí mi mamá puede ayudar. En Lima todo es muy distinto y extraño mucho a Menta y a papá. Espero que le vaya bien construyendo carreteras y Menta se porte bien con la señora Rita.

Debes hacerlo suave y de los lados nomás acaricias me dice mi tío Miguel cuando me deja tocar su arpa. Hoy mi mamá salió a trabajar y a matricularme en el colegio, mi tío trabaja en la noche así que me está cuidando mientras repara una cama de fierro azul que una vecina nos regaló ayer. Parece que mi tío es como mi papá, que sabe de todo. Ayer nos contó cómo había manejado camiones de fruta y un bus enorme lleno de gente a Tacna. Sus historias son divertidas y hace muecas graciosas cuando las narra, mamá le dice todo el tiempo que es un payaso. Ella llega en la tarde, me cuenta que ya me matriculó en el nuevo colegio y que en dos días comienzo. Dice que es grande, está pintado de celeste y mi profesora se llama Rosa. Espero hacer amigos y ojalá que la nueva profesora grite menos que la señorita Marita.

¡Alahuita! —grito—. No le hagas caso, es un sonso —me dice Anita después que un niño me jala la trenza y saca la lengua, Anita es mi amiga del salón. Ella me dice que ese niño se llama Andrés y que, aunque es bastante mayor, está en nuestro salón. En el colegio la profesora Rosa es buena gente. Ella nos deja dibujar lo que queramos, pero parece que no le gustó mi cielo naranja. Mamá viene al colegio a buscarme y me cuenta que está cansada por trabajar duro en un almacén de plásticos. Ya en casa almorzamos pollo con arroz, pero incluso la comida sabe distinta en Lima. Al rato llega la vecina Carla a charlar con mi mamá. Carlita es una señora gorda como un zapallo, todo el tiempo toma gaseosa, se ríe y habla demasiado fuerte. A cada rato reniega de su esposo y de los hombres. Ella nos contó que es de Ucayali y que, al llegar a Lima y conocerlo, pensó que mi tío Miguel era gay. Bengo pensé que era tu hermano pues —. Algunos días acompaña a mamá al teléfono a llamar a mi papá, la gente nos mira porque tenemos que hablar muy fuerte para que mi papá nos escuche.  Él me dice que está bien y que nos extraña mucho, que el trabajo es duro pero que le permite enviarnos dinero.

Es mi segunda semana en el colegio. Durante el recreo le cuento a Anita de mi papá y Menta, que está esperándome en Aucayacu. De pronto se acerca Andrés con dos niños más y me insultan por haberlo acusado con la profesora. Cuando Anita y yo nos estamos yendo, nos empujan al piso y tiran pasto en la cabeza.  —Te voy a matar provinciana —me dice Andrés. Ya en el salón me siento muy nerviosa porque Andrés no deja de observarme, así que para tranquilizarme trato de sólo pensar en cómo estará Menta. A la salida me acerco a la profesora Rosa para contarle sobre lo que pasó en el recreo. —¡Ay! Ya no seas quejona tampoco, Adelina. Seguro Andrés sólo quiere jugar contigo —me responde apurada. Ahora me sé el camino y regreso sola del colegio, andamos juntas con Anita por un rato. Ese Andrés es un engreído, todo porque es sobrino de la directora —me dice Anita. Llegando a casa almuerzo con mi mamá y le cuento de Andrés. Ella me dice que va a ir al colegio a hablar y me ayuda un poco a terminar mi tarea. Después de la tarea me baño y alisto para dormir. Mamá va a conversar con Carlita así que mi tío me sirve lonche y cuida hasta que me quedo dormida.

Es sólo un sueño, Adelina. Seguro que Menta está bien –me consuela mamá tras contarle lo que soñé. Soñé que Menta se escapaba al monte y la tenía que perseguir por largo rato sin alcanzarla, hasta que mis sandalias se rompían. Por la tarde escucho a mi mamá conversando preocupada con mi tío. Ella dice que mi papá tuvo un accidente, al parecer no escuchó un camión retroceder y le aplastó la pierna. –¡Ay Justo, por qué tiene que ser tan huayrauma! —. Mamá dice que si mi papá no puede mandar nada de dinero las cosas van a estar difíciles, además repite que él debió dedicarse a la mina o la coca, que así estaríamos más tranquilos. A mí me preocupa mucho que papá esté mal y le digo a mi mamá que quisiera visitarlo, pero me dice que es imposible por el dinero. Mañana es feriado en el colegio, pero mi mamá dice que tiene que trabajar en la mañana y que por la tarde iremos a pasear al parque.

No derrames afuera de la tina me dice mi tío mientras me baño. Ya me he bañado ayer, pero mi tío dice que no me cree, que no me quiero bañar y que me bañe de nuevo. Después de bañarme me sienta en sus piernas y me abraza. Yo lo quiero mucho pero él me abraza demasiado rato y ya me aburro de no poder moverme. Me dice que le gusta abrazarme y acariciarme, además que debo portarme bien porque él es muy bueno recibiéndonos en su casa. En verdad me hace sentir muy incómoda, así que cierro los ojos, me pongo a pensar en Menta y la imagino en Aucayacu saltando sobre piedras. Durante la tarde vamos al parque los tres y veo que está Anita jugando a la comidita, la ayudo juntando plantas y flores para preparar pasteles de tierra. Antes de regresar a casa mi tío nos compra un helado. —Gracias Miguel –dice mi mamá. –Adelina se lo merece, tranquilita ha estado toda la mañana — responde él.

¡Voy a dejar todo cerrado! —le dice mi mamá a mi tío. Mi mamá me está llevando al doctor. Yo no me siento mal, pero me da miedo que quizás me quieran poner inyecciones. Odio que siempre que vamos al doctor mi mamá le pide que me ponga ampollas. En la posta nos atiende una doctora amable, no me pone ninguna ampolla, pero le pide a mi mamá que me baje la ropa interior y que separara las rodillas. Dice que me ha tomado una muestra y seguro es porque mi mamá le contó que mi ropa interior se ensuciaba mucho. Esperamos afuera un rato y luego le piden a mi mamá que entre ella sola. Yo me quedo afuera viendo los frascos de colores en la farmacia y pasa largo rato hasta que mi mamá sale del consultorio. Se ve muy seria y parece que hubiera llorado. En el camino a casa me dice que voy a tomar un jarabe y me pregunta si alguien me ha hecho daño. Le cuento de nuevo todo sobre Andrés, pero ella me pregunta si mi tío Miguel me ha lastimado. Nunca me pega, sólo me abraza y acaricia mucho —le respondo. Antes de llegar a casa pasamos por la casa de Carlita y mi mamá le pide que me cuide una hora. La señora Carla no tiene hijitos, pero me presta unas muñecas antiguas que eran de ella. Sus muñecas son bonitas y huelen gracioso.

Mi mamá anda muy triste y parece molesta con mi tío —le cuento a Anita, que tampoco entiende nada. Yo creo que es porque mi papá no puede mandar dinero y a veces mi mamá dice que no alcanza para algunas cosas. Ahora vamos mucho más seguido a la casa de Carlita por las tardes y mi mamá toma la misma gaseosa que ella. Me parece que esa gaseosa tiene trago, porque las pone gritonas. Se paran riendo y renegando de todo, además que dicen muchas lisuras. Mi mamá le pregunta a Carlita si podríamos vivir con ella, pero dice que su esposo es demasiado cascarrabias y aunque ya le preguntó él no quiere. Ahora veo menos seguido a mi tío, él sale todo el tiempo y anda serio siempre.

¡Cállate oye! ¡Yo no la desatendí, no sabía! —grita mi mamá en el teléfono. Esta vez hemos caminado a un teléfono bastante más alejado de la casa y mi mamá discute fuerte con papá. Le dice que él no ayuda en nada y a mí me da miedo que mis papás se peleen tan feo que no vuelva a ver a mi papá nunca más. Al regreso pasamos por donde Carlita y ellas se quedan hablando varias horas hasta la noche. Caminando a casa mi mamá se cae al piso, pero dice que no se lastimó. Al llegar no está mi tío y nos echamos a dormir, pero los ronquidos de mi mamá me despiertan varias veces. Al rato entra mi tío murmurando lisuras entre dientes. —Adelina acércate, quiero preguntarte algo ­—me susurra. —Adelina tú sabes que te quiero, pero dime ¿qué le has contado a tu mamá? – Le respondo que no hemos hablado nada nuevo, él me abraza y comienza a darme besos. Le digo que yo también lo quiero pero que ya está bien, me da nervios. Él me jala y se pone encima de mí. Se le ve tan agresivo y, aunque me dice que no me hará daño, me da mucho miedo. Trato de llamar a mi mamá mientras lo veo abrirse la camisa, pero siento la garganta dura como piedra. Me abraza y siento que me falta el aire, siento su respiración en mi cabeza y olor intenso a humo. Cierro los ojos con todas mis fuerzas y trato de pensar sólo en Menta y en si ella es feliz en Aucayacu.

¡Hola, hola! ¿Hay alguien? —alguien toca la puerta muy fuerte y llama preguntando si Sara vive aquí. Parece ser una señora preguntando por mi mamá. Se escucha el motor de una moto afuera y la luz del faro entra a la casa entre las maderas. Mi tío se pone de pie, me dice que no llore y me tape con la frazada. ¿Quién es? ¿Qué busca? ¡Soy Marla, suegra de Sara, necesito hablar con ella! Él se soba la cara y abre la puerta. Con la luz atrás se ve la silueta de una señora bajita y delgada que entra a la casa. Está ebria, así llega todos los días. A ver si la logras despertar ¿Y la niña dónde está? En la otra cama, está durmiendo también. ¿Qué haces despertándonos a esta hora? ¡Sara despierta! ¡Despierta Sara! ¡Me voy a llevar a Adelina de vuelta! —. Mi mamá abre los ojos y su rostro toma una expresión de terror desesperado. ¿Qué? ¿Por qué te la vas a llevar? ¡Yo soy su madre! ¡Tú sabes muy bien Sara, me la llevo sí o sí! Ya tú ve si vienes con nosotros —. Nerviosa mamá mira al piso y comienza a llorar. Está bien, dile a Justo que lo siento mucho y que iré a verlos pronto – Adelita, recoge tus cosas que vamos para la selva a ver a tu papi –me dice mi abuelita mientras me ayuda a meter mis cuadernos a la mochila. Hace varios años que no veía a mi abuelita. –¡Te quiero muchísimo hijita, te voy a ver muy pronto! –me dice mamá llorando mientras me abraza.

Hace frío, subo al motocar con mi abuelita y ella me tapa con una frazada. –Nos vamos a Aucayacu Adelita, vamos a ver a tu papi ¿Cómo sigue mi papá? ¿Cómo está su pierna? –Ya está bastante mejor. Pronto comenzará a trabajar en una chacra de piñas que su madrina le dejó. –¿Mi papá tiene una chacra de piñas? –me quedo pensando. Seguro que a Menta le va a gustar la nueva chacra. 

*MD, USMP