< Detras de la cortina

Rocas futboleras

A pesar de todo, nos queda la esperanza que, sin volumen, podamos disfrutar de un buen espectáculo sin estas insufribles “rocas” futboleras.

A los que nos encanta el fútbol, tenemos que soportar los giros, las palabras o las invenciones de los periodistas, periodistas cuya máxima debería ser el buen uso del lenguaje, pero que desgraciadamente no es así.

En los últimos tiempos, los televidentes muchas veces nos vemos obligados a ver los partidos (nacionales e internacionales) con el volumen bajo, o sin volumen. Los comentarios inteligentes o narraciones sobrias escasean. Frases como “alineación inicialista” (inicial), verticaliza, horizontaliza. Probemos: yo verticalizo, tu verticalizas, el verticaliza…

Además, dicen palabras como descarga ¿Mercadería?, asistencia (pase). Debemos apuntar, para defensa de algunos colegas locales, que estas barbaridades no son producto, la mayoría de las veces, de nuestra creatividad, sino de las "luminarias" voces internacionales.

Una buena tapada o tajada ahora es un atajadón, (¿una falla será un fallón, un buen gol será un golón? Disculpen los lectores la huachafería del neologismo, pero solo seguimos el patrón.

Otra de las grandes barbaridades es hablar de ”un gesto técnico”, en vez de describir simplemente una acción como una jugada de calidad, habilidad o de un jugador de talento. O hablar de hat trick, en vez de decir que tal o cual jugador marcó, hizo o convirtió tres goles. Y también está el tema del dorsal (camiseta), camisetear (jalar de la camiseta), o lo que es peor referenciar, en vez de marcar. Además hablar de “la contra” (para referirse a un contrataque), o a la interna, en lugar de decir al interior del grupo, expresión cuyo mal uso se ha extendido a otros ámbitos.

Está de moda para los los narradores llamar "tridente", cuando tres jugadores talentosos juegan en una misma zona. Ejm: Suárez, Neymar y Messi, cuando lo correcto serñía hablar de trío. Y cuando son dos, como digamos, Cbillas Sotil,. binomio o tandem, Maradona y Diaz, etc. La huachafería se impone. 

Unido a esto, los aficionados sufrimos los gritos desmedidos, los comentarios huecos y tontos, las insufribles narraciones de los goles parafraseando (supuestos) clásicos del rock, y mil tonterías más. Aunque claro, nos queda la esperanza que, sin volumen, podamos disfrutar de un buen espectáculo sin estas insufribles “rocas”-como definíamos en nuestros tiempos a las sandeces- futboleras.