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Leonidas Yerovi: La sonrisa de un periodista en verso (I)

De joven, jovencísimo en realidad, ya que Yerovi murió sin cumplir los 40 años, trabajaba en una tienda de géneros, la casa Fernández Hermanos. Vendía telas, pero confeccionaba ironías poéticas sobre su propia condición de vendedor, que, en el fondo, no sabe qué hace ahí, excepto ganarse la vida, nada más.

Luis Fabio Xanmar nos ha dicho que entonces empezó a confeccionar sus juegos de los dos mundos, el de la apariencia y el de la realidad. Es decir, la matriz de toda ironía, la base de toda crítica, de todo distanciamiento y de toda filosofía.

Se conoce de un poema de Yerovi de esa época, inspirado en una dama compradora por la que quizá medio Lima, algo más de cien mil habitantes, suspiraba entonces. Dijo Yerovi:

 

¿Por qué si mi amor notáis

-pues él hace que me venda-

ya no venías a mi tienda

y todo en otra compráis?

Vos arrancasteis la venda

De mi amor, y aún hay señales

De mis llantos a raudales

En las telas de la tienda

 

¿Qué reclamaba Yerovi? ¿El desamor de la dama o la preferencia de su competencia? ¿Qué le exigía? ¿Su aprecio o su plata? ¿O las dos cosas a la vez? ¿Su aprecio era el precio? ¿El precio de Yerovi? Sus llantos a raudales en las telas de la tienda. Y ella compra en otra. El error del vendedor fue mostrarle su amor.

No se sabe si la dama regresó y triunfó el vendedor ni si Yerovi vendió ese verso y triunfó el escritor. Pero ese verso se convierte en toda una metáfora futurista del quehacer de Yerovi, porque su obra, o gran parte de ella, fue una constante recreación irónica de lo que la realidad le imponía.

La de Yerovi fue la agenda de las cosas, de la realidad. Su arte: transformar la agenda de las cosas en la agenda del espíritu y el espíritu de una época.

De él dijo Federico More: “Yerovi ha tenido la suerte admirable en todas partes, y singularísima en el Perú, de que siempre le hayan pagado sus escritos, viviendo de ellos; así se ha visto en precisión de escribir versos y más versos”.

Si esas palabras de More son un elogio, se trata, en todo caso, del elogio al trabajo. Yerovi fue un forzado, a la manera de un Balzac, por ejemplo. Aunque, por todos los indicios, un forzado trabajador muy amable, muy diferente del francés. Según Luis Fernán Cisneros, era el periodista y poeta más festejado y más querido del Perú. Alberto Ureta, dice, por su parte, que por lo único por lo que no se interesó jamás fue por sí mismo.

La fuerza de las cosas y la fuerza del trabajo. Según Estuardo Núñez, Yerovi fue un periodista en verso.

Periodista. Trataba sobre los acontecimientos del día, sobre lo que ocurría en el día a día de la política y la sociedad. Era un cronista de crisis y de sucesos. El lirismo de lo cotidiano, cotidianamente.

Para algunos periodistas notarios de hoy, que no escriben ni en prosa ni en verso, eso puede parecer una locura. En todo caso, sería un lujo que se daba el periodismo peruano. Los versos periodísticos de Yerovi eran devorados por multitudes, tanto en diarios como en revistas. Una de las que el fundó, Monos y Monadas, llegó a alcanzar cinco mil ejemplares en una Lima, ya lo he dicho, de poco más de cien mil habitantes.

Si hacemos una proyección estadística, habría que decir que Yerovi era más leído que la gran prensa actual del Perú. ¿Mérito del Perú de entonces, de Yerovi o de ambos?

Yerovi verseaba de todo y también de política. Se le atribuye filiación periodista, lo que lo convertía en un crítico de lo que ocurría en la llamada República Aristocrática. Llegó a estar en el Panóptico, por política. Allí escribió La última aventura de don Juan, obra no apta para señoras ni niños, según el mismo la calificó.

Construyó con sus versos periodísticos un relato crítico de la República Aristocrática que contrasta, por ejemplo, con el optimismo de un García Calderón y su El Perú contemporáneo.  

Pero ese relato crítico siempre fue humorístico y socarrón, un criollismo de alta clase que interpretaba el sentimiento del hombre de la calle. Según César Lévano: “Así en la vida, como en la obra, Yerovi encarnó virtudes populares en Lima. Su humor se nutre de la risa y la ironía de las esquinas de barrio, del repentismo veloz y la pirueta verbal de negros y mulatos”.

En 1904 publicaba en La Prensa una columna dedicada “a un elector”, haciendo la radiografía del oportunismo político que tanto conocemos, al parcre, desde siempre. Versos como estos:

¿Conque tú, que desdeñabas

las elecciones actuales

e indignado las tachabas,

hoy olvidadizo alabas

las farsas electorales

 

¡Choca Juan¡ No me contriste

tu actitud; muy al contrario.

Tienes buen golpe de vista.

Eres un oportunista

De un olfato extraordinario.

 

Otra columna versificada, dedicada a la crisis:

 

En un país tan dichoso,

el país en que alentamos,

que apenas si comentamos

algún asunto imperioso

por dos minutos siquiera,

ya crisis ministerial

o ataque de montonera.

 

La situación más inquieta,

las más alarmantes cosas

existen como las rosas

perfumadas del poeta

 

Brotan bajo el sol naciente,

duran la tarde de un día,

se mueren sin agonía

y…hasta el día siguiente

 

Este verso e toda una descripción de la célebre inconstancia nacional y de la permanente renovación de la también célebre crisis nacional. ¿Cuándo no estuvimos en crisis?