La otra mitad

Si, en el supuesto, y como debería, el presidente Martín Vizcarra renuncia, y su gabinete que no ha dado fuego- y nos quedamos cortos con el término- el Congreso debería seguirlo, el cual-como hemos dicho- se ha ganado a pulso su repudio, al margen de haber continuado con su larga tradición de incapacidad.

Estamos hablando, efectivamente, en términos ideales. El mandatario ya debió dimitir, pero mientras se mueren niños por falta de incubadoras, él sólo insiste con su malhadado proyecto de recorte de mandato, elecciones anticipadas, y tiene el desparpajo de hablar de cuestiones de confianza, según los más, inconstitucionales, en tanto el país sigue postrado política y económicamente. Sólo los antis y la gran prensa lo apoyan.

Ese episodio debió solucionarse hace mucho, pero la obcecación del gobernante lo hace imposible, y está dilatando una situación que ocasiona un gran daño al país, mientras el ministro de Economía, que debió renunciar hace tiempo, pronostica (¿?) 4% de crecimiento.

Esperando con más fe que razones lógicas que se vayan el presidente, ministros y congresistas, nos queda resolver la otra mitad del problema: el irresuelto sistema político.

Resulta iluso pensar que la salida de estos pseudo políticos va a solucionar los problemas de respeto a la ley, mejora en la calidad de representantes y cuadros de gobierno o el eficaz combate a la inseguridad ciudadana.

La renuncia sólo nos dará un poco de aire, y tendremos para elegir, por el momento, a Salaverrys, Guzmanes, Mendozas…personajes que ya conocemos. Además de estar alertas a los Antauros y Goyos.

Y esto ocurrirá porque nadie, ni el Congreso, ni el gobierno de esta supuesta “restauración democrática”, se ha ocupado del problema seriamente.

El régimen actual, insuflado por gran parte de la prensa adicta a palacio, ha presentado proyectos ridículos e inviables, que no contribuirán a la solución de este asunto. Al extremo que desde ahora, los ciudadanos financiaremos a los partidos.

Una vez que salgan estos personajes, más temprano que tarde-esperemos- deberíamos abocarnos a solucionar la mitad irresuelta del problema. Corren las apuestas.