¿Democracia sin partidos?

Los “vientres de alquiler”, resume la crisis de las organizaciones políticas partidarias en el Perú. Ninguna se salva. El último proceso electoral, donde los partidos políticos tuvieron una real participación, confrontando ideas y programas, fue en 1985. En 1990, un desconocido movimiento ganó las elecciones: Cambio 90, y marcó el comienzo del fin de los partidos políticos en el Perú.

El retorno a la democracia, en el año 2000, luego de una década de autoritarismo con Alberto Fujimori, abrió la posibilidad de una refundación de la política en el Perú. Los partidos políticos, como Acción Popular, el PPC, el Apra y los de izquierda, fueron activos en las movilizaciones que permitieron la caída del fujimorismo, pero ese capital político fue desperdiciado.

Dos años antes, en 1998, Martín Tanaka analizó el proceso político peruano, y concluyó que con Fujimori se inició un proceso singular, donde la política funciona sin partidos. Sus líderes son precarios, desideologizados, volátiles, cortoplacistas, improvisados y pragmáticos.

Veinte años después del escrito de Tanaka, una encuesta de Ipsos, publicada en un diario nacional, reseña la crisis que atraviesan los partidos de hoy. Existe la idea, de que este proceso se explica por la autocracia fujimorista. Si fuera así, las grandes movilizaciones y la revitalización de los partidos, alianzas y frentes políticos de 1978 y 1980 no se hubiera dado, porque el gobierno militar también vilipendió a los partidos “tradicionales”.

Al contrario, si recordamos,1980 fue la oportunidad que esperaban los partidos políticos, que saliendo casi todos de la clandestinidad, recuperaron vigencia y durante toda esa década, pese a los graves problemas, por los atentados terroristas, los partidos fueron cuerpos organizados y actores en la vida política.

Entonces, la crisis de los partidos, no es sólo por la falta de democracia en los años 90, el clientelismo y discurso antipartido del fujimorismo. Hay que buscarla en los propios partidos, desde los signados como de derecha, sea este el Partido Popular Cristiano o Fuerza Popular; en Acción Popular que se considera asimismo de centro. Y, en el Apra y la izquierda.

Los peruanos prefieren la democracia

Los partidos están en crisis, pero eso parece no afectar la vocación democrática del pueblo peruano. La gran mayoría sigue apostando por la democracia, frente a cualquier otro sistema político. Si. Los peruanos piensan como el viejo León Británico, Winston Churchill, que la democracia es imperfecta, pero es el mejor sistema que ha concebido la sociedad para administrar el bien común, el Estado.

Pero la democracia necesita de los partidos políticos que son, por su naturaleza, los vehículos que llevan, al gobierno y a los parlamentos o congresos, a sus mejores cuadros para que ejecuten o sustenten, en los debates parlamentarios, las aspiraciones de los ciudadanos. Esta función no puede ni debe hacerla los sindicatos, gremios profesionales o empresariales. La hace el partido, cuando la demanda ciudadana concuerda con su programa y su ideología.

Los ciudadanos, que en su gran mayoría, quieren seguir viviendo en democracia, según la misma encuesta, están desengañados de los partidos políticos. Ahí está el dilema. Si buscan, nuevos partidos, con idean renovadoras, con una lectura del país, de acuerdo a los tiempos actuales, ¿qué falta para formar estas organizaciones políticas?

¿Tiene algo que ver la forma como se logra inscribir un partido político? ¿Pesan más la cantidad de firmas que el programa, la ideología y los comités organizados y los militantes activos? Si. La recolección de firmas requiere de una gran capacidad logística y económica para llevarla a cabo.

Pero no sólo eso: es la primera puerta que se abre para que ingrese la corrupción a los partidos políticos, ya que conseguir el medio millón de firmas, requiere de un mecenas. Y, moviéndose alrededor de los que quieren su partido, hay quienes pueden financiarlo.

Deben diseñarse formas más expeditivas para que vuelvan a fundarse partidos, pero que a la vez sean seguras, para evitar el ingreso del dinero sucio de la corrupción y el narcotráfico a la política. Y tienen que ser nuevos, porque los actuales, salvo excepciones, están manchados por lava jato y todos los otros escándalos de la corrupción.

Las exigencias para inscribir organizaciones políticas, abren las puertas al lavado de activos

*Antropólogo, historiador Económico, Catedrático Universidad Jaime Bausate y Meza