Detras de la cortina

Autovacancia

El presidente Castillo salió airoso de una poco fundamentada moción de vacancia y, por esa razón, de un proceso que difícilmente podía lograr el resultado esperado.

Sin embargo, la monumental torpeza demostrada por el régimen, la prepotencia y la tozudez de varios de sus operadores hace muy posible que el gobierno, no ahora necesariamente, sino en el futuro, labre su final.

Los continuos horrores en las designaciones de cargos de gobiernos, y la insistencia en mantener en el cargo a autoridades cuya presencia es, desde hace bastante tiempo, insostenible, como las de los ministros de Transporte, Juan Silva, o el de Educación, Carlos Gallardo, son más que evidentes, y también habría que añadir al fantasmal ministro de Energía y Minas, Eduardo González Toro, el cual, pese a los graves conflictos mineros no ha aparecido en la medida de lo necesario. Destaca por hacer declaraciones desafortunadas o afirmar que “no aceptará migajas” en las negociaciones con Camisea (tratativas sobre, las que las autoridades deberían brindarnos algunos alcances). Nuevamente, no se entiende este cambio. El Ing. Iván Merino parecía mejor preparado para esa función.

Pero afirmar que todo aquel que ose criticar esos nombramientos es un desestabilizador, constituye una afirmación francamente ridícula.

Es Castillo y su gobierno el que se complica solo, y lleva al país no al extremismo, pero si al caos, donde los ciudadanos tenemos que enterarnos constantemente de escándalos pequeños, medianos y grandes, a los cuales solo se responde con silencio, generalidades, sino también con argumentos estúpidos como que “es la respuesta de quienes perdieron las elecciones” (comicios que por lo demás, cuya limpieza hasta ahora no ha terminado de demostrado).

Pero al mandatario y el gobierno pareciera fascinarle el caos. Quiere, según él, promover la inversión, pero deja esa tarea solo a los sufridos ministros de Economía, Pedro Francke, y al de Comercio Exterior y Turismo. Critica la corrupción, pero alberga en su interior a varios funcionarios cuestionados, como, por ejemplo, el hasta ahora inamovible Mario Carhuapoma. ¿Qué le impide a la correcta ministra de Trabajo, Betsy Chávez sustituirlo? ¿Sacaron a la Sra. Fiorella Molinelli para colocar al Sr. Carhuapoma? ¿Es una broma?

El presidente tendría que entender que la campaña concluyó, y que el arte de gobernar no es únicamente compensar a su equipo de campaña, sino en tratar de escoger a los mejores (sean de derecha o izquierda). Pero el desgobierno de Perú Libre lleva la situación al extremo, en un contexto, además, donde parece no entender, que su régimen se encuentra en una posición de extrema debilidad.

Lo que genera, en realidad, con su terca actitud, es darle razón a sus opositores, que quieren su cabeza, con razón o sin razón.

Por otro lado, resulta curioso además que los acérrimos anti fujimoristas defiendan a rajatabla la Constitución del 93. Ni sus promotores la hubieran defendido tanto, obviando lo evidente: que requiere una urgente actualización en lo referente al sistema político, y algunos ítems del capítulo económico.

Castillo se salvó de esta moción, pero probablemente en el futuro, les dará los más sólidos argumentos a sus opositores para fundamentar correctamente su vacancia, en cuyo caso el país entrará nuevamente en un periodo de incertidumbre. Y hay que remarcar lo siguiente: la vacancia bien aplicada nos libra de gobernantes peligrosos para el país, pero sin las reformas necesarias, servirá de poco, no para tener un gobierno, sino para lograr la ansiada estabilidad.

Mientras que el presidente y su entorno sigan obrando de esta forma irracional y obstinada, promoverán su auto vacancia. No hará falta la oposición.