La SUNAT y el equilibrio fiscal

La presión tributaria del Perú es 15% del PBI el 2017, y en América Latina 21% por tanto se deben recaudar mayores ingresos tributarios.

Los impuestos sirven para financiar el gasto público (educación, salud, saneamiento, sistemas de agua e infraestructura), además de contribuir a la mejora de la distribución del ingreso. Pero el nivel de ingresos fiscales peruanos es bajo y depende de la evolución de los precios internacionales. Ello representa una vulnerabilidad fiscal, dada la reducción que genera en la capacidad del Estado para brindar bienes y servicios a los ciudadanos, y para aplicar políticas ontracíclicas.

La clave es reformar el sistema tributario, las altas tasas en algunos impuestos, las exoneraciones y el alto grado de evasión que deben ser tratados mediante una política tributaria eficiente. Hay que reducir la informalidad, combatir la subvaluación, contrabando, piratería, y falsificación de productos, desaparecer a los monopolios y oligopolios (eliminar las AFP´s).

Necesitamos un marco tributario estable y predecible para bajar la incertidumbre; por eso no se puede variar el impuesto a la renta, pues altera los flujos de caja proyectados de las empresas y desalienta la inversión.

El equipo económico del MEF debe respetar el compromiso de proyección de la SUNAT de llegar al 18%. Por tanto, se debe ampliar la base tributaria, combatir la evasión fiscal y reestructurar al ente recaudador.  

A pesar de las altas tasas de impuestos, la presión tributaria (indicador que relaciona los ingresos tributarios de una economía y el PBI) se ha mantenido estancada. Si obviamos los ingresos fiscales provenientes de la minería e hidrocarburos, que vinieron elevándose desde el boom del precio de los minerales, la presión tributaria es alrededor del 14.1% del PBI.

La concentración de la recaudación en el Gobierno central resulta negativa. La poca participación de los Gobiernos regionales y locales (el 98% de los ingresos del Gobierno general son recaudados por éste).

Por otro lado, la preponderancia de impuestos indirectos en la recaudación. Los impuestos directos (renta y propiedad) contribuyen a disminuir la desigualdad en la distribución de ingresos. Además, existen altos niveles de evasión tributaria, sobre todo en el impuesto a la renta y el IGV. La informalidad afecta al 75% de la Población Económicamente Activa (PEA), el 95% de las MYPES es informal y hay más de 3 millones de ellas.

La reducida base tributaria está originada por deducciones, exoneraciones que no contribuyen a la igualdad, y regímenes especiales que promueven la evasión. La complejidad del sistema tributario hace difícil ampliar la base tributaria.

¿Qué hacer con los aproximadamente 13,000 trabajadores que tiene la SUNAT? Cuando se emitió la Ley N° 29816 para su fortalecimiento, no fue para que un grupo de burócratas de dudosa competencia técnica debilitaran la institución, sino para cumplir con el propósito de “elevar la recaudación en forma progresiva hasta un 18% del PBI”. Esto no ha ocurrido. La meritocracia y la gestión del talento humano son aún utopías en SUNAT.  

¿Se puede gobernar, redistribuir la riqueza y brindar servicios donde el Estado teniendo el monopolio de la fuerza (seguridad, defensa, justicia) no dispone de recursos? Ante este panorama se tiene que recaudar más, por tanto, se debe efectuar una reforma de tributos (Renta, IGV, Impuesto Selectivo al Consumo, Aranceles de Aduana) y simplificar las normas de recaudación.

El ente tributario tiene escasa predisposición para atraer nuevos contribuyentes utilizando prácticas que el Indecopi (otra institución burocrática) no le permitiría jamás a una empresa privada. Dentro de lo acotado destaca la falta de consideración al récord del contribuyente, a sus años de buen pagador, y sus derechos mínimos y elementales. Y encima observar que a la actividad económica informal no se le combate con eficiencia.

Según la población, la SUNAT es la segunda institución burocrática, con barreras irracionales. Las personas y empresas se quejarán de las multas y costos elevados (según el 36% de las menciones), la excesiva documentación (24%), la demora en trámites (8%), la falta de uniformidad en los procesos (8%) y la mala atención (7%).

Esto contribuye a que el sistema tributario se convierta en una traba al crecimiento económico, por tanto es necesario recurrir a una reforma integral del sistema tributario peruano que permita analizar las tasas impositivas, redistribuir los montos de los principales tributos, y simplificar los procesos administrativos. Si en verdad se quiere asegurar un incremento de la base tributaria, combatir la informalidad y la evasión, con la finalidad de mejorar la inversión y la iniciativa empresarial.

No debemos olvidar que como decía el expresidente estadounidense Ronald Reagan,  “el contribuyente es la única persona que trabaja para la Administración sin tener que aprobar oposiciones”.

Debemos lograr una política tributaria activa, con énfasis en la recaudación de impuestos directos, que reduzca algunas tasas, amplíe la base tributaria, y al mismo tiempo, promueva la reforma de la institución.

*Economista