Cápac Raymi ¿o la navidad andina?

Antes de la introducción de las fiestas navideñas al Perú, los incas celebraban por estas mismas fechas, coincidiendo con el solsticio de invierno, el Cápac Inti Raymi Killa, “una fiesta religiosa prehispánica en honor al Sol que se llevaba a cabo en el mes de diciembre, donde se realizaban sacrificios de animales, se bebía chicha de jora, se mascaba coca y se bailaba. Corresponde al primer mes del calendario inca. En este día se reunían las cenizas de los sacrificios y las arrojaban a los ríos para que estos las llevasen al mar, a Viracocha, como el retorno de todo a su autor. ” 

El blog de Viaja por Perú nos cuenta un poco más al respecto sobre la historia del Cápac Raymi: 

En las celebraciones del Cápac Raymi se realizaba el “Warachikuy” una ceremonia de iniciación de los varones jóvenes del Tawantinsuyo y los sacerdotes ofrecían sacrificios de animales. Alonso Ramos Gavilán (1621), hace una referencia sobre el este culto pre colombino el cual se sucedía en la península de Copacabana (lago Titicaca), debemos recordar que toda esa área es considerada sagrada, como lugar de origen de los fundadores del Tawantinsuyo, Manco Cápac y Mama Ocllo. 

En la página Qapaq Raymi ahondan en las explicaciones del significado de esta festividad ancestral que se celebra hasta el presente en varios pueblos andinos: 

WARMI PACHA / KAPAK RAYMI – TIEMPO FEMENINO. […] Este tiempo es completamente femenino y hasta nuestros días es llamado como Warmi-Pascua, una pascua femenina. 

En este tiempo, los padres y madres de nuestras comunidades acostumbraban a seleccionar los destinos de los hijos e hijas de acuerdo a las destrezas y habilidades que habían demostrado en sus primeros años de vida, desde antes de su concepción hasta aproximadamente seis o siete años de edad. Era el tiempo del Mushuk-Wara, es decir los varones recibían su primer “pantalón”, porque hasta ese entonces eran vestidos con anaco, y las mujeres su primera “cinta” para el pelo, lo que indicaba el inicio de un nuevo ciclo en sus vidas. A partir de ese momento iniciarían a perfeccionarse en las habilidades y destrezas que hasta ese entonces habían demostrado tener mayor inclinación en sus juegos, imitaciones, gustos, comidas y otros. 

Obviamente el Cápac Raymi ya no se celebra tal como en épocas prehispánicas, si no que a través de un proceso de sincretismo cultural, en la actualidad hay elementos tanto incaicos como cristianos en las festividades que se realizan por estas fechas en varios pueblos del ande peruano. 

En cuanto al cristianismo y la parte tradicional de la navidad, desde hace siglos el arte andino ha incorporado sus propios elementos en las expresiones artísticas tales como por ejemplo lo que se observa en la escuela cusqueña de pintura. Actualmente a través de diversas obras de artesanía se puede apreciar también esta particular fusión cultural. 

La música no podía quedar de lado, y los tradicionales villancicos navideños cuentan con sus respectivos pares interpretadas con instrumentos y ritmos de los andes. Un ejemplo es “Siwar Situy” (“Sol luminoso”, cabe recordar que el sol, o Inti, era la principal deidad incaica.) Se trata de un villancico cusqueño quechua que, ha sido interpretado por el Coro y Orquesta de Niños y Adolescentes de la Asociación Cultural Qantu Cusco. 

En las sierras de la Comunidad de San Francisco de Querco, también en la región de Huancavelica, el investigador Claude Ferrier “pasó diez años investigando como la Navidad en los pueblos andinos, si bien asume diferentes formas y expresiones, es celebrada con la misma intensidad y grandeza que en otras partes del mundo.” En el blog LIBROS – Librerías San Francisco, se detalla algo sobre el libro que publicó Ferrier: Navidad en los Andes, que por cierto incluye un video. 

Para explicar la continuidad de la Navidad en los Andes el autor hace una relación entre la antigua celebración de la fiesta del Qhapaq Raymi prehispánico y la actual celebración de la Navidad en muchos pueblos andinos. Particularmente en la comunidad rural de Querco, la fiesta navideña comienza casi una semana antes del 25 de diciembre y se extiende hasta el día 27, a diferencia de su contraparte urbana y capitalina. El libro describe en detalle la fiesta, las comparsas y la música que impregnan de espíritu comunitario al distrito de Querco, haciendo hincapié en las técnicas utilizadas por el arpa andina y la coreografía del zapateo, protagonistas centrales de la Navidad en esta comunidad. 

Finalmente vayamos a Ayacucho, más precisamente a la localidad de Laramate, donde la navidad se festeja bailando en una modalidad parecida a la famosa danza de las tijeras. Esta costumbre se puede apreciar en la “navidad de Laramate- contrapunto de Atocata versus Patachana en el morro de chajtarumy”. 

En los andes liberteños

Cuan especial es la navidad andina, también puede observarse en las tradiciones que mantienen los pobladores de la sierra liberteña. 

En efecto, El niño Jesús también nace a más de dos mil metros de altura sobre el nivel del mar, allí donde el frío arrecia y el sol quema las mejillas. El ande liberteño muestra su devoción indeclinable durante las fiestas navideñas y lo hace a través de estampas costumbristas llenas de fervor. 

En Huamachuco por ejemplo, capital de la provincia de Sánchez Carrión y tierra de grandes personajes del país como Ciro Alegría o José Faustino Sánchez Carrión, lo más emotivo se vive el mismo 24 de diciembre, cuando se realiza una escenificación en vivo del nacimiento de Jesucristo. Allí, un coro interpreta con emotividad el “Gloria a Dios en las Alturas”, escenificando la aparición del arcángel Gabriel al interior de la catedral de Huamachuco. 

Un entrañable recorrido andino, nos lleva a efectuar un alto en Otuzco, la capital de la fe, donde la venerada imagen de la Virgen de la Puerta aguarda tiernamente la llegada de su niño Jesús. En horas de la tarde, la algarabía se apodera de las calles cuando los niños recorren los siete barrios de la localidad tocando las puertas, cantando villancicos y recibiendo alimentos o regalos. Es importante señalar que un pueblo devoto como Otuzco preserva aún la añeja medida de cerrar las discotecas respetando el apego popular por la espiritual festividad. 

Mientras tanto, en la lejana provincia de Bolívar, se celebra un colorido concurso de árboles navideños que incentiva a diversas dependencias públicas para compartir su carisma en esta fiesta. Más tarde, la Nochebuena es recibida en el calor familiar compartiendo una mesa con asado de carnero o la parrilla y un trago llamado Gro preparado con alcohol, hierba luisa y limón. 

Pero, si se trata de originales proposiciones navideñas, es importante detenerse en Cascas, capital de la provincia de Gran Chimú, donde se celebra la fecha brindando con vino y  afecto a los visitantes, pues, como se sabe, se trata de una zona vitivinícola por excelencia. 

Por su parte en Julcán, provincia ubicada a más de tres mil metros de altitud, las familias disfrutan de su pan chancay o de un sabroso lechón al horno. Por lo intenso del frío y la pobreza imperante en el lugar, centenares de niños y niñas reciben regalos de gente caritativa. 

Sin duda la fe no tiene fronteras, no sufre de “soroche” ni teme los veleidosos caminos que conectan la costa y la zona andina. Se trata de una celebración que se vive con amor y generosidad, tratando de olvidar por unos días la difícil situación de sus pobladores, quienes a pesar de todo están siempre dispuestos a brindar su cariño a los visitantes.