Detras de la cortina

¿Solo la vacuna salvará al Perú?

Desde hace unos días, más allá de su retórica vacua, su parafernalia, y su ineficiencia, el gobierno- en la medida que no tiene nada que ofrecer en la lucha contra el COVID-19- ha insistido en un tema que despierta sumo interés en la población: la vacuna.

Como se sabe, para este fin, el régimen designó un grupo de trabajo encabezado por Carlos Neuhaus, conocido empresario y gestor, quien fue el primero en anunciar el pronto descubrimiento de la misma.

Este hecho resultaba absolutamente previsible, en la medida que el poco o mucho desarrollo que ha alcanzado la humanidad en estos años, se basa en el libre tránsito de bienes y personas, algo que ha quedado muy afectado por la crisis sanitaria. A nadie le conviene ser egoísta, porque en este contexto, pierde el 99% de la población mundial.

Resulta perfectamente válido y entendible que el régimen destaque eso, pero también debería dejar de lado las políticas restrictivas y de escasa eficiencia, como regresar al encierro dominguero. Al respecto, Juan José Calle, gerente de la Asociación de Centros Comerciales, manifestó que los sábados estos alicaídos locales tienen, según él, 37% más que los otros días. Y algo similar ocurre con las bodegas, bancos y mercados. No nos digan, entonces, que los domingos son más riesgosos que otros días y que las reuniones, son perse, más peligrosas que una cola para cobrar un bono en el Banco de la Nación.

Tampoco podemos aceptar que se acuse constantemente a “la gente”, y a “los peruanos”, (y con un tono que linda en lo peyorativo) de ser los principales responsables de la dramática situación que vivimos, casi exonerando al gobierno de facto.

El régimen ha demostrado- siguiendo la tradición por cierto- una supina incapacidad para gobernar, pero al parecer cuenta con hábiles operadores para generar cortinas de humo y operaciones psicosociales, frente a lo cual muchos callan.

En este escenario, da lástima que un vocero del Colegio Médico afirme que “la cuarentena total es inaplicable, porque la gente tiene que trabajar”. ¿Y en los meses de encierro no había que trabajar? ¿Cuál es el fundamento científico de las medidas restrictivas, aparte de la perorata del presidente?

También se ha descubierto que el gobierno que, supuestamente, lucha contra la corrupción, posee una suerte agencia de empleos en la que los allegados al régimen obtienen pingües ganancias, mientras que empresarios honestos y ciudadanos de a pie, han perdido su salud, o su trabajo. O ambos.

A propósito, sería interesante que se informe acerca de la campaña de comunicación social pomposamente lanzada, y destinada a concientizar a los ciudadanos sobre los focos de contagio. Agencias, consultores, precios, y datos sobre cómo fue el proceso. Y después habría que evaluar sus efectos.

Las campañas de comunicación también son pasibles de medición, no son etéreas como nos han hecho creer.

Mientras que esperamos la vacuna- en términos fácticos- no tenemos más opción que ser más responsables que nunca, y trabajar el doble, porque el Estado encabezado por Vizcarra ha demostrado, ahora más que nunca, su escandalosa ineficiencia y su clamorosa falta de ética, por ejemplo, al nombrar a Vicente Zeballlos como Embajador en la OEA. Quien promovió el golpe, y tuvo un manejo desastroso frente a la crisis sanitaria, es premiado por el gobierno enviándolo a Washington, obviando olímpicamente a diplomáticos de carrera, y la meritocracia tan mencionada en los discursos, y tan ausente en la práctica.

Mientras tanto cabe preguntarse si solo la vacuna salvará al Perú, por lo menos del COVID. Desgraciadamente, no estamos vacunados contra un mal gobierno.