Edición de protesta: Vizcarra y el golpe de terciopelo

La decisión del gobierno de Martín Vizcarra de “disolver constitucionalmente” el Congreso se ha generado por la ridícula e inexistente justificación jurídica de una “negación fáctica”. Ese constituye el gran aporte al Derecho Constitucional del bisoño político y expresidente del Consejo de Ministros Salvador del Solar, y de otros personajes - algo así como “la interpretación auténtica” del segundo fujimorismo - y que como era de esperarse, ha provocado rechazos y adhesiones.

En el común de la gente, que ha visto una campaña sistemática de desprestigio contra el ya conocido, torpe e ineficiente Congreso, la acción se considera justificada, casi salvadora, pues a decir del régimen y su prensa adicta, éste es el origen no de varios, sino de todos nuestros problemas.

Si la corrupción campea, es responsabilidad del Congreso, si el Estado no ejecuta el gasto también, o si la inseguridad aumenta a niveles de inestables países centroamericanos, por supuesto, es culpa del Parlamento.

Sin aras de defender a un vapuleado poder, recordamos por enésima vez que éste no designa ministros, ni ejecuta políticas. Si un gobierno de turno pretende que no se le fiscalice y no legisle, que lo licencie por siempre.

Como hemos mencionado, este detestable y torpe Congreso hizo lo correcto al buscar la salida del expresidente, y del exministro Saavedra. Por supuesto que promulgó leyes populistas, abusó de su poder para hacer espíritu de cuerpo, protegiendo a miembros lumpenescos y fiscales polémicos (que también los hay, por cierto, del lado gobiernista y su séquito).

Otro mote que se le ha impuesto a este disminuido poder del Estado es el de obstruccionista. Que se sepa, todas las delegaciones de facultades al régimen le fueron concedidas, y la mayoría de sus proyectos fueron aprobados.

La verdad, en realidad, es más simple: el plan contra este poder se inició en el gobierno del expresidente y continúa hoy, y no es más que un pretexto que pretende justificar la razón de su fracaso: su monumental incapacidad. Inoperancia que ha resultado en los peores indicadores económicos- sociales de los últimos tiempos, como bien lo ha mencionado en muchas ocasiones, varios analistas. Entre ellos, nuestro columnista Germán Lench.

Otro de los ataques recurrentes al Congreso es el de ser un poder corrupto. Y por supuesto que hay corrupción ahí. Pero no nos olvidemos que la Sra. Fiorella Molinelli, implicada en el caso Chincheros, al igual que el presidente, es presidenta de Essalud, para no mencionar el caso de la exministra Gloria Montenegro, cercana a César Acuña, quien también debería estar investigado por el escándalo Odebrecht, aparte claro está, de las revelaciones sobre el expresidente del Consejo de Ministros, César Villanueva por el mismo caso. ¿Ese es el ejemplo?

Otro de los emblemas del disuelto ente, es la impresentable congresista Yesenia Ponce, la cual fue reclutada por el grupo oficialista. ¿ Resulta esto congruente?

La gran prensa se escandaliza por la compra ridícula e innecesaria de unos televisores, pero pocos dan cuenta del gasto en propaganda estatal inútil.

Si los ciudadanos creen que este nuevo Congreso que durará 14 meses, y que será elegido, -no electo- con estas reglas, va a ser infinitamente superior al anterior, se equivoca. Es más, de repente es dominado por los ultras que promoverán la Constitución del 79. Y entre eso y el 80, la diferencia es solo uno.

No contento con la campaña, el Ejecutivo empezó a imponerle condiciones y plazos. Una vez que se aburrió, simplemente dio el zarpazo, con una medida que afortunadamente para el gobierno, por ahora, se considera controvertida.

Martín Vizcarra en este momento, puede respirar tranquilo, pero si él y su gabinete no se dedican a gobernar, ahora que tendrán un poder obtenido de un modo arbitrario, con un mínimo de eficacia, estará en problemas, y ya no le quedaría nada por disolver. Pero su prensa lo seguirá adulando: la misma que defendió a Toledo, PPK, y Humala. Todo, por su supuesto, para salvar su inexistente legado, y con el consiguiente propósito de disolver también a una oposición.

Quizá lo menos negativo que ha hecho el régimen de facto ha sido nombrar a una nueva ministra de Economía que no es radical.

La historia, sin embargo, puede cambiar. El golpe de terciopelo que ha perpetrado puede volverse contra él y el gobierno en el futuro.