Autocracia o República

El imperio de la ley es la característica fundamental de toda República. Si queremos instituciones, tenemos que respetar el orden constitucional. No hay República sin Constitución. Ante cualquier pulsión populista, los republicanos hemos de recordarle al pueblo soliviantado por los revolucionarios que el cesarismo no soluciona ningún problema de la nación. El populismo no es el remedio; muy por el contrario: es el síntoma de la metástasis revolucionaria.

El viejo cesarismo populista es un mal endémico latinoamericano, y el Perú no ha estado exento de su veneno fatal. Si queremos un Bicentenario de unidad y reconciliación, tenemos que aislar el cáncer populista y extirparlo sin contemplaciones. El populismo ha destrozado al país numerosas veces y el cesarismo es una de las taras de nuestra clase política. Ahora bien, como este es el país de los espejismos, los césares criollos no alcanzan el nivel de los clásicos e imitan en vez de forjar creaciones heroicas. Peligrosa combinación, anfo para las instituciones: mediocridad y cesarismo.

Si el Perú sucumbe a la pulsión populista, se impondrá una autocracia de pensamiento único. Esta tiranía de lo políticamente correcto perseguirá a la oposición bastardeando al Derecho, instrumentalizándolo hasta convertirlo en un arma arrojadiza y sesgada que entierra selectivamente. Esta ha sido siempre la estrategia jacobina: guillotina para los enemigos de la revolución. Con todo, tarde o temprano, el Saturno revolucionario termina devorando a sus propios hijos, hoy sedientos de sangre ajena.

No permitamos que la democracia sea destruida por el cesarismo populista. La República es sinónimo de equilibrio. El diálogo es civilización. La defensa de la Constitución equivale a la derrota de la guillotina revolucionaria. Vale la pena intentarlo.

Abogado y analista político

Decano de la Facultad de Derecho de USIL

Diario “Correo”

Publicado el 05 de Septiembre del 2019

Reproducido con autorización