¿Martín el Salvador?

Pasadas las fiestas navideñas, lo que un gran sector de ciudadanos se pregunta es a dónde se encamina el país, de la mano del presidente Vizcarra.

Desgraciadamente, la respuesta parece ser a una mayor judicialización de la política y a la polarización de la sociedad. Su asunción, que debió significar un apaciguamiento de las pasiones, al contrario, parece haberlas exacerbado.

Mientras que las medidas de detención preliminares y preventivas parecen haber reemplazado a la investigación seria, la economía languidece y la inseguridad campea, y gran parte de la prensa - convertida en órgano de prensa y propaganda del gobierno- no dice mucho al respecto, alimentando, eso sí, los odios contra los líderes de los dos únicos partidos investigados que avanzan con severidad y celeridad.

En días pasados, el diario “El Comercio” publicó en su portada una información sobre presuntos aportes irregulares a la campaña del oficialismo. Los personajes vinculados no dieron ninguna explicación concluyente sobre el tema.

Se espera, entonces que, la Fiscalía-  y esperamos que el ícono pop de la fiscalía, José Domingo Pérez- profundice las pesquisas. Porque por un caso muy similar, está detenida la señora Keiko Fujimori y varios de sus allegados.

La fallida salida de los fiscales Pérez y Vela -al margen de los serios cuestionamientos que se puedan tener, especialmente contra el primero- resulta totalmente inoportuna y cuestionable, pues dejaba el margen para la suspicacia.

Ya es hora de que, el Ministerio Público -con Chávarry o son él- y el Poder Judicial apure el paso, y determinen responsabilidades. Si se requieren recursos, logística y personal especializado, hay que brindárselos. Es la única forma de realizar un proceso anticorrupción serio, con menos estridencia y más resultados.

En lo que se refiere al gobierno, resulta imperativo - luego del referéndum donde se aprobó nada menos que el Estado (léase nosotros) financie a los “partidos” políticos - que se dedique a trabajar, a hacer obra, a combatir la inseguridad, en vez de criticar al cuestionado Fiscal de la Nación.

Desafortunadamente, todo esto es improbable que ocurra, porque el gobernante parece está mostrando que no resultó ser el salvador del sistema - como ingenuamente pensamos los peruanos- sino un ciudadano con ansias de poder, de figuración (como lo demostró hoy caminando hacia el congreso acompañado de su corte), pero sin capacidad de gestión, que gusta de reemplazar al Congreso, a los ministerios y gabinetes de asesores, por “notables” elegidos por él y su reducido entorno. ¿Martín es Salvador?