MVK

La ascensión del presidente Martín Vizcarra, luego de la justificada salida de su antecesor, despertó grandes expectativas. Un provinciano, ingeniero (los cuales suelen ser pragmáticos), desvinculado de grandes poderes y sencillo, fueron características que, generaron simpatías y la percepción de que podía hacer andar el país.

Los primeros días fueron de visitas, saludos y flashes. Una de sus primeras acciones fue en Piura, donde escuchó de los propios pobladores sus quejas sobre la lentitud de las obras de reconstrucción. Lo siguiente fue proponer un grupo de medidas tributarias que ocasionaron la salida del ministro de Economía, David Tuesta.

Pasaron los días y esos gestos no se tradujeron en actos concretas, ni mucho menos medidas, o el anuncio de planes realmente audaces y efectivos contra la inseguridad, que se creía estaban plasmadas en el supuestamente maravilloso plan de gobierno del grupo (llamarlo partido sería una exageración) del defenestrado mandatario.

Como consecuencia de la inacción gubernamental, las cifras de aprobación empezaron a disminuir dramáticamente. Frente a esto, al parecer aconsejado por sus asesores, y aprovechando un escándalo de corrupción, el 28 de julio Vizcarra propone una serie de reformas, que por supuesto, como lo han señalado varios juristas, no contribuirán a la gobernabilidad del país, ni necesariamente mejorarán la administración del sistema de justicia.  

Es importante señalar que, desde esta “Cortina”, hemos señalado - al igual que muchos - que el Perú no podrá avanzar sin reformas, pero hay que decir también que, por lo general, se espera que los proyectos sean mejor elaborados.

Pero nada de esto le interesa al gobierno. Solo quiere obtener una victoria frente a un torpe y odioso congreso, y de esa forma mantenerse en el poder. Mucho menos parece importarle la inseguridad ni la economía.

Hace tiempo que el PCM César Villanueva y los ministros Oliva de Economía y Medina del Interior deberían exponer y explicar al país cómo abordarán estos temas, que son los que más le interesan a los ciudadanos, y no los alcances de una reforma complicada que no sabremos qué impacto tendrá, especialmente después que el presidente ha estado presionando práctica y machaconamente con un “mando y quiero que se haga pronto” para que se aprueben sus iniciativas, mientras que se enfrenta con el polémico Fiscal de la Nación, una de cuyas razones podría ser el Caso Chincheros, caso donde fue protagonista, y Kuczynski intérprete de una obra con una metodología de ejecución entre sospechosa e irregular. ¿O ya olvidamos su pizarrita?

Suponiendo que salga airoso en el referéndum (¿una mayoría se pronunciaría por una bicameralidad?) ¿Qué va a hacer después el Ejecutivo? ¿Va a gobernar presionando al congreso, respaldado por grupos mediáticos y redes? ¿O debería concentrarse en otros temas, y repensar sus iniciativas?

Todo esto ocurre mientras el sospechoso indulto al expresidente Fujimori es revocado, en una acción previsible, considerando su origen, al margen de nuestra coincidencia con la medida. Esta resolución judicial complica además y especialmente a Kuczynski, a la expresidenta del Consejo de Ministros Mercedes Aráoz, al extitular de Justicia, Enrique Mendoza, con dos de los cuales el presidente se reunió, cuando se suponía que estaban enemistados. Y también en tanto se confirman versiones de testigos sobre el caso Lava Jato que, alcanzan al expresidente y a otras personalidades, y que por supuesto se deben de acompañar de otras pruebas.

Recordemos que por este asunto están denunciados penalmente Enrique Cornejo, PPK, Ollanta Humala, Alfredo Thorne, Alejandro Toledo, José Graña, Marisol Pérez Tello, y se encuentran mencionados Keiko Fujimori y el expresidente García. Por citar solo algunos nombres.

En medio de esta tormenta perfecta, elegimos alcaldes y gobernadores, con una campaña pobrísima, proliferación de candidatos, la mayoría de ellos muy cuestionables, y llena de denuncias.

Como se sabe, en Lima se impuso el exalcalde Miraflores Jorge Muñoz -dicho sea de paso, sería bueno que los ganadores no celebren mucho, pues es un triunfo personal más que colectivo, en un partido que languidece hace más de 30 años- y se esperan resultados definitivos para los próximos días, sobre los cuales es necesario realizar una exhaustiva evaluación para un país que necesita, ahora más que nunca, autoridades eficientes y honestas, para consolidar una democracia real.

Desgraciadamente, la primera autoridad del país está dejando de ser MVC, para parecerse cada vez más a un PPK, y convirtiéndose en un MVK. Victimizándose, mostrando incapacidad, y para colmo, un estilo autoritario.

Pero quizás esto no debería asombrarnos. Era el segundo de su fórmula.