Crisis 2021

En estos días de allanamientos, la política sigue marcada por la acción fiscal y en ocasiones, justicia penal. El ex mandatario  trata de probar su inocencia, algo complicado, si se considera la sucesión interminable de documentos, contratos, y transferencias, principalmente entre él y Gerardo Sepúlveda, su sureño socio.

Sus “deudos” políticos, grandes grupos empresariales, todavía no acusan el golpe. Algunos, especialmente periodísticos, tratan de desacreditar al congresista Mamani, personaje absolutamente cuestionable, por decir lo menos, pero que reveló una grave denuncia que será una gran responsabilidad para la fiscalía. Bruno Giuffra, ex ministro de Transportes, sigue en un mutismo absoluto.

Mientras tanto, el presidente Vizcarra ha logrado capear el temporal, logrando poner orden en San Marcos, y revelando autoridad, no autoritarismo. La universidad decana de América no puede seguir siendo cuna de revoltosos o radicales.

Pero en este escenario todos pierden. La izquierda regional pierde con la caída de Lula, ejecutor de un imperialismo brasileño corruptor, que ya le costó la cárcel. Las fechorías las hizo en pared con empresas. Su ideología fue el mercantilismo. E internamente la intervención- ¡por fin! a Susana Villarán debe deparar muchas sorpresas sobre la ex alcaldesa, pomposamente autodenominada como perteneciente a una corriente “gerencial y moderna”, y sus aliados, que critican el encarcelamiento de Lula, vaya uno a saber por qué razones. Y también se equivoca cuando responsabiliza a la “constitución” de los interminables escándalos de corrupción. ¿En qué párrafo, artículo, inciso, se indica que está permitido hacer negocios privados con el Estado, siendo funcionario? Los controles están establecidos. Si no funcionan, es otro problema.

Pese a haber recuperado curules, Keiko Fujimori también resulta muy afectada. En primer lugar, tener a varios personajes de su entorno investigados (independientemente de la gravedad de los casos) no la favorece, y tampoco tener integrantes que estén involucrados en destapes. El caso del congresista Vergara es una muestra de ello. Si la hija del ex presidente creía que había logrado edificar un neofujimorismo limpio y eficiente, se equivoca. Su actuación parlamentaria puede haber sido aceptable, pero la gente está harta de bribones, blindajes e impunidad. Nos gustaría saber quién hizo la lista y con qué criterio.

Sociológicamente hablando, su caída o debilitamiento favorecerá otras preferencias. El “pueblo fujimorista”, por así decirlo, terminará virando a otras opciones, probablemente más populistas, autoritarias y radicales, de las que supuestamente representan los “naranjas”.

Dividida quedó el APRA, también afectada Alianza por el Progreso, que resultó ser un brazo ortopédico del gobierno anterior, y Acción Popular por su tibieza inicial. 

No debería sorprendernos, entonces, que opciones extraviadas como las de Antauro Humala terminen ganando simpatías, colocando congresistas. O Gregorio Santos, o los calichines del Movadef, lo cual convertiría a Julio Guzmán en increíblemente, una mejor opción.

Mientras tanto, el presidente Vizcarra tratará de realizar un manejo de crisis, nunca mejor dicho, para llegar al 2021, porque el Perú no ha solucionado su problema fundamental: la ineficacia de su sistema político. Y en este tema, los congresos recientes poco o nada han hecho. Su gabinete es lo que tenía que ser: un collage de figuras, que apunten a este propósito, para la cual la luna de miel será de 60 ó 90 días. Ni uno más. El país ha perdido ya 7 años.

El balance restaurador “democrático” de menor pobreza, basada en altos precios de metales y una prudencia fiscal, tiene su lado opuesto: un presidente preso, otro indultado, uno prófugo, uno investigado, una corrupción mayor a la prerestauradora, inseguridad, y mucho odio. Una crisis que puede alcanzar al bicentenario.