Detras de la cortina

Enigmas (y reflexiones) virales

La pandemia del Coronavirus nos deja muchas interrogantes, algunas de ellas más geopolíticas y económicas que de salud. Que si fue un virus creado en la China como una extensión de la guerra comercial entre China y Estados Unidos, y probablemente frente a un ataque al cual Estados Unidos, varios países europeos, y algunos como Japón y Corea del Sur, responderán, o apareció por las costumbres de algunos chinos de comer animales como los murciélagos.

Se trata pues de un virus que es muy contagioso, pero que genera muy baja mortalidad, frente por ejemplo, al que ocasiona la gripe común en el mundo, la TBC, la hepatitis B, o la anemia en nuestro país. En Estados Unidos, por la gripe común cincuenta se infectan cincuenta millones cada año, y mueren cincuenta mil personas, y, como lo mencionó Jaime Bayly, nunca ha habido una cuarentena.  

En el Perú miles mueren por males como la anemia, la TBC, por mencionar solo dos. ¿Las muertes por estas enfermedades, realmente endémicas en nuestro medio, valen menos que las ocasionadas por este enigmático virus, al cual se destina tanta atención y cobertura?

Sin duda, es imperativo tomar medidas - los penosos casos de Italia, España y Ecuador son lamentables e ilustrativos - pero a la cuarentena que, según el gobierno de facto era inevitable, debieron sumarse otras medidas, y en simultáneo, como la compra de miles de muestras de despistaje verdaderamente certeras, la habilitación de hospitales, etc. Además de la búsqueda de cooperación internacional, principalmente de países como Alemania, Corea del Sur, y de la propia China, naciones con quien tenemos muy buenos vínculos políticos y económicos. Recién se anuncia, en este sentido, los resultados de algunas gestiones.

El gobierno alude carecer de camas y logística. Sin embargo, ha gastado más de 1000 millones de dólares en los Juegos Panamericanos, y uno de los principales escenarios construidos para ese propósito, ahora funge casi de improvisado hospital. También se han destinado millonadas de dólares en un refinería como la de Talara. ¿No hubiera sido aconsejable considerar no realizar estas inversiones, e invertir en el sector, que solo ha gastado eficientemente el 13% de su presupuesto, como figura en la estadística oficial? Con el agravante que hace 9 años que nuestro país vive, prácticamente, de sus rentas. No ha habido recientemente inversiones importantes en ningún rubro.

Según la versión oficial, todo está dentro de lo previsto. Se aconseja la no aglomeración, pero se convoca a la población de bajos recursos, a cobrar un bono de 380 soles que probablemente sirva de muy poco a quien arregla relojes o revisa celulares. Y los 2400 provenientes de la CTS que se pueden retirar, a duras penas mitigarán las urgencias de una también golpeada clase media. O de los casi 13 mil que podrían disponer los afiliados a las AFP, una medida que debe pasar por un criterio fundamental: el dinero no es del Estado ni de las empresas: es de los ciudadanos.

Pero más allá de estos paliativos, preocupa que se anuncie el empleo de ingentes cantidades (alrededor de los 45 mil millones de soles), para mitigar los efectos de la crisis, sin que se conozca al detalle un plan agresivo de reactivación, y estudiar caso por caso.

La construcción, la pesca, el comercio (de la minería ni hablamos), probablemente no trabajarán al máximo. Y ahí puede generarse un gigantesco programa social. Nadie quiere un ejército de desempleados, un decrecimiento económico, ni mucho menos un aumento de la pobreza, o de la miseria. Pero al parecer continuamos por ese camino. Ojalá nos equivoquemos.

Si ahora Lima parece - en las zonas más residenciales, un pueblo fantasma - no queremos ni pensar cómo sería el 13 de abril, y no hablamos de provincias. Es necesario que la economía no colapse, no solo para promover el bienestar de los ciudadanos, sino para no agravar el problema ya crítico de la salud pública.

Este episodio ha servido para que el presidente de facto se despache discursos de casi 90 minutos o más sin repreguntas (¿?), para que los secretarios de Salud, Defensa, Economía e Interior hagan lo mismo en los medios, en vez de resolver los problemas acuciantes del sector frente a la emergencia, para que la delincuencia disminuya (ojo que también se puede reactivar, y con más fuerza). ¿A propósito, el régimen tiene algún plan en ejecución al respecto? Por lo general, todo es lírico.

Por supuesto, el virus también ha sido útil para olvidar otros problemas de salud pública, la inseguridad, el caso Odebrecht, los problemas endémicos del sector justicia, la educación, etc. Y gran parte de la prensa actúa casi como un anexo de palacio, ni le pregunta, pero seguro en estos días hablará del 5 de abril o del expresidente García. pero por estos tiempos hay un monotema. Del espúreo Congreso casi ni se ocupan - que ya tuvo sus primeras escaramuzas con el Ejecutivo - salvo para defender a las AFP. No hay que olvidar que el presidente necesita estas crisis para existir. Primero fue los Cuellos blancos, luego Keiko Fujimori, Alan García, el congreso. Estos hechos y personas han sido funcionales para él.

La versión local de este virus es terrible - que no mata tanto como la gripe común - pero paraliza a las personas y a las economías. Y el Perú parece ser un satélite en todo este sistema, que bien podría definirse como una guerra viral.