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Lima, Viernes 15 de Deciembre del 2017  
CULTURAL / ESPECTÁCULOS
Cartas al tío Enrique
* Carlos Miranda Passalacqua
(Publicado el 04/03/2013)

Lo que leerán a continuación, son fragmentos de una conversación que mantuve, a través del correo electrónico, con un familiar a quien le pondremos como seudónimo "Tío Enrique". En ellos, se podrá advertir, a través de las palabras del "Tío Enrique", los síntomas del fragmentarismo y superficialismo de esta era digital. Asimismo, la actual e incuestionable preferencia de la manufactura frente a la mentefactura, del artefacto ante el mentefacto, del inmediatismo de lo práctico-técnico en lugar de la -para muchos aburrida - logósfera. En concreto, su contradictorio rechazo de la filosofía demuestra, entre otras cosas, un profundo desconocimiento de uno de los motores de la ciencia, que ha movido los engranajes que consiguieron que podamos valorar la democracia como el mejor sistema político, comprender la imposibilidad de deducir un código de ética a partir de la razón, reparar en las limtaciones de las relaciones epistemológicas, etc. Tal desconocimiento permite fácilmente considerar inservible este saber crítico del hombre y del mundo. Por lo que hay que recordar que las cosas no sirven en absoluto, sirven para algo o para alguien.
 
Querido sobrino:
[…]
Esta misma tarde salgo a comprar un diccionario para obsequiártelo, en el se podría encontrar lo que significa "verdadero" y también "conocimiento", si sumas las definiciones de los dos términos, sabrás que es el "verdadero conocimiento", claro que podría ser inexistente, mientras puedes creer en el Espagueti Volador o en la inocencia de la cocaína o en lo bueno y productivo que es mentir. En todo caso, pido disculpas por mencionar al fideo volador y la cocaína, ya que realmente no los mencionaste en tu escrito. (No se de donde salió la idea de que hay que expresar las ideas usando los mismos términos en que se presenta aquello con lo que uno discrepa, mil disculpas por eso). 
[…]
Tío Enrique.
***
Estimado Tío:
[…]
Sobre la parte candente de nuestra discusión (ah, aquel típico e inevitable momento en que los interlocutores se vuelven unos sobre otros, en pugna nada más que de ganar la batalla dialéctica, se destila bilis y se dejan de lado los argumentos), te diría primero que los diccionarios sirven para tener aproximaciones pragmáticas; para aprender tecnicismos están los manuales especializados. Segundo, vamos a tener que intercambiar libros, a cambio del diccionario te daré algún ejemplar de filosofía de la ciencia, para que descubras que NO TIENE SENTIDO HABLAR DE CONOCIMIENTOS VERDADEROS O FALSOS. En ciencia nada adquiere un carácter de “verdadero”, toda visión deducida por el método científico se toma como provisional y contingente y puede ser derogada por otra, dando lugar a lo que Kuhn llamaba “revolución paradigmática” (así sucedió con la alquimia, la cosmología newtoniana y después la eisteniana). Luego, al hablar de “conocimientos falsos”, formamos una contradicción: Todo conocimiento falso puede ser revocado por el método científico en cualquier momento, en consecuencia, nunca hay “conocimientos falsos”. A contrario sensu, cuando los “conocimientos verdaderos” son derogados por el método científico, los sustituyen otros nuevos, y no podemos decir que fueron falsos mientras estaban en vigor. Platón, por su parte, creía que conocimiento era igual a creencia verdadera, pero ese fue don Platón. En tercer lugar, te invitaría a que hagas un distingo entre “conocimiento”, “idea” y “creencia”.
[…]
Un abrazo afectuoso:
Carlos.
***
Carlitos:
[…]
A mí no me interesa la filosofía, así que ahórrate el libro. Yo simplemente hablo lo que  veo o de lo que creo, (en lo que a conocimientos verdaderos y/o falsos, soy objetivista e intuitivista) no suelo ser un repetidor de frases de "estribillo" por lo que pido mil disculpas a tu culto entendimiento. Por ahora debo discrepar de eso de que "NO TIENE SENTIDO HABLAR DE CONOCIMIENTOS VERDADEROS O FALSOS" ya que en lo que respecta al conocimiento, hay varias tendencias que con absoluta seguridad conoces, ya que es parte de lo que se enseña y ocasionalmente se aprende en las épocas universitarias, (el dogmatismo, el escepticismo, el subjetivismo y el relativismo, el pragmatismo y el criticismo) Dicho sea de paso, en el pragmatismo se dice que: "El escepticismo adquiere un cariz positivo en el pragmatismo moderno. En él, verdadero es lo mismo que útil, valioso, alentador de vida. La verdad se fundamenta en la concordancia de las ideas con los fines prácticos del hombre". Es así que hace tiempo la vida me sugirió ser un "practicante del pragmatismo" productivo y no un teórico improductivo. Yo enfrento la vida con coraje pragmático y no desde el escritorio.
 
Esta idea me pareció interesante: "El concepto de la verdad está íntimamente ligado con la esencia del conocimiento. Sólo el conocimiento cierto es conocimiento verdadero. Un “conocimiento falso” es un error, una ilusión. Pero la verdad del conocimiento es una relación que consiste en la concordancia de la “imagen” del conocimiento con el objeto". Ahora, nuevamente, al expresar "conocimiento falso", de lo que hablo es de un "error", "una ilusión"......el "conocimiento falso" pues, debe entenderse como eso, como una contrapartida al existente conocimiento verdadero. 
[…]
Tío Enrique.
***
Hola, tío:
[…]
No te preocupes, comprendo que así como para peinar canas hace falta tener pelo, para repetir “frases de estribillo” hace falta conocerlas. Tu desinterés por la filosofía tampoco me sorprende en absoluto. No es más que un síntoma del “espíritu” de este tiempo que preconiza la pereza intelectual y defiende obstinadamente la genuflexa aceptación de lo que todos dan por de contado. 
 
En lo que a mí concierne, tras leer Crítica de la razón pura de Kant, me di cuenta que habría que ser exageradamente pretensioso para suponer que nuestros conocimientos son nada menos que imágenes de la realidad. Antes bien, concluí que nosotros le imponemos a la propia realidad nuestra forma de aprehender. O, dicho en plata, que únicamente podemos conocer el mundo a través de nuestros limitados sentidos (muchas veces apoyados en ciertas prótesis), los cuales proporcionan la información que es posteriormente elaborada por nuestro particular entendimiento. Éste, por ejemplo, ante cada hecho siempre preguntará por su causa, por lo que le resulta inconcebible que algo pueda suceder “de la nada”.
 
Sobre las “tendencias” que mencionas te comentaré que tu bien ponderado pragmatismo (típicamente posmodernista) sostiene que “no importa por qué funcionan las cosas, lo que importa es que funcionen”. Comprenderás que bajo esa premisa no hubiésemos podido ir más allá del conocimiento del fuego. En fin, quien se proponga revisar la historia de la ciencia, puede constatar que la búsqueda de la causalidad de los fenómenos nos ha llevado a nuevos descubrimientos. El relativismo cognoscitivo, por su parte, sostiene en pocas palabras que todo vale: medicina, homeopatía, chamanismo, etc., todo  es lo mismo.
Y si con dogmatismo crees que podemos obtener conocimientos, mejor hablemos de fútbol. No, en serio. Y te lo digo porque no sé para qué vamos a enfrascarnos en un debate epistemológico, si no te interesa la filosofía. Y si circunscribimos la discusión al ámbito de la Ciencia, el tema ya quedó resuelto con mi correo anterior. 
 
Por cierto, te reitero la invitación a que hagas un distingo entre “conocimiento”, “idea” y “creencia”. Espero que esta vez la enfrentes con tu característico e infatigable “coraje pragmático” y que no le vuelvas a hacer un pase torero.
[…]
Saludos:
Carlos.
 
 
*Carlos Miranda estudia Psicología en la Universidad de Lima, y es editor del blog www.divergencia-carlitox.blogspot.com 
 
 
 

 

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