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Lima, Viernes 15 de Deciembre del 2017  
CULTURAL / ESPECTÁCULOS
Cine pirata
* Oscar Vásquez
(Publicado el 02/04/2011)

¿Está bien comprar películas piratas que no han sido y seguramente no serán estrenadas en el país? ¿Se justifica comprar una película pirata o verla gratis en Internet si ya pagamos una vez cuando la vimos en una sala de cine comercial?  ¿Es válido comprar una película pirata si esta fue difundida por la señal de cable que pagamos mensualmente, pero que por motivos de tiempo no pudimos ver? ¿Son estas posibilidades justificables?

Todos sabemos que en Polvos Azules, en ese enorme centro comercial ubicado en el distrito de La Victoria, uno puede encontrar todas las películas, series de televisión y conciertos que alguna vez ha visto o le gustaría ver. En este lugar, por el módico precio de 3 soles cualquier persona puede comprar una copia pirata de la más reciente estrenada superproducción hollywoodense o la película más destacada en el último festival de cine internacional. Simplemente revisar los catálogos de los puestos especializados en las películas de este último grupo o de películas clásicas, por ejemplo, es alucinante. No nos sorprendería que entre los innumerables títulos que ofrecen se encontrasen las 6 horas perdidas del clásico de 8 horas de Erich Von Stroheim, “Avaricia” (“Greed” – 1924). De esta película, la más importante de las películas “perdidas”, se ha dicho que el negativo original fue quemado, pero nunca se ha confirmado si hubo o no alguna copia del negativo, ¿Se encontrará en Polvos Azules?, pero esa es otra historia.
¿Es un delito comprar una película pirata en Polvos Azules o en cualquier otro lugar? Después de todo, todos los espacios comerciales en Polvos Azules, incluyendo los que venden exclusivamente películas piratas, están legalmente registrados por la Municipalidad del distrito.  
Si viviéramos en un país en donde existen leyes que se cumplen, es más, si el Perú fuera un país con las condiciones económicas justas para todos sus ciudadanos, la respuesta, sin discusión alguna sería “Sí”. ¿Pero qué decimos? ¿Acaso adquirir la copia de un artículo, cualquiera que este sea, sin el conocimiento y autorización de quien o quienes la produjeron, y sin los pagos obligatorios de impuestos, está mal? Por supuesto que lo está, pero este artículo no pretende darnos una lección de moral. Es hasta inútil poner las variantes expuestas al inicio de esta nota ya que somos lo suficientemente racionales para saber lo que honestamente se debe hacer.
En esta nota queremos hacer reflexionar que todas estas disyuntivas se dan por las condiciones económicas y culturales de nuestro país, donde el nivel cultural de la gran mayoría de personas impide que películas de un corte artístico más que comercial no sean traídas por los distribuidores quienes saben que no recuperarán su inversión, en un país en donde miles de familias sobreviven (y no lucran) vendiendo películas piratas porque les ha sido imposible encontrar un trabajo que cubra sus necesidades básicas, en un país en donde las reglas se cumplen sólo si nosotros consideramos que están bien y no porque lo establezca su existencia legal.
Vivimos en un país en donde existen enormes desigualdades económicas, en donde un grupo difícilmente puede costear el pago de una entrada al cine, y en donde el otro grupo que económicamente puede tiene la enorme tentación de comprar hasta 20 películas piratas por el precio de una película original en el formato de DVD.
Si viviéramos en un país con sueldos justos para todos no tendríamos que estar en esta disyuntiva moral. Este problema y otros de nuestra realidad tendrán la oportunidad de mejorar si votamos el próximo 10 de abril de una manera consciente. Analicemos responsablemente todas las posibilidades antes de votar.
*Comunicador Social, Universidad de Lima.
 

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