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Lima, Sábado 16 de Deciembre del 2017  
COLUMNA DEL MES
Brasil y la India: analogías en sus caminos al desarrollo
* Luis Pacheco Romero
(Publicado el 02/11/2009)

Muchos gobiernos hacen todos los esfuerzos por impulsar el crecimiento productivo. El supuesto es que logrando tasas altas y sostenidas de crecimiento, se llegará al bienestar de la población.El mensaje es simple pero claro. Y muchos lo tomarán de inmediato.Otros gobiernos prefieren privilegiar la inversión. En el fondo, es lo mismo. En este segundo caso, se trata de lograr crecimiento productivo, aunque se pone énfasis en uno de los condicionantes del crecimiento, que es la inversión.

Esta opción es también atractiva, si bien superior a la del crecimiento productivo a secas. John Maynard Keynes hizo ver la distinción clara entre el crecimiento y la inversión. En la inversión la economía está expandiéndose en su equipamiento, en infraestructura, en bienes de capital. Esto va a permitir la generación de nueva producción, con proyección en el tiempo.
 
Sin embargo, tenemos que establecer un punto de discusión aquí, y se refiere a la visión sobre la manera en que se deba desenvolver la economía de un país para crecer. En los dominios de la historia de la economía y en los del pensamiento económico, el crecimiento puede lograrse básicamente de dos maneras. De un lado, sobre la base de que el mercado es el mecanismo que mejor asigna los recursos de una zona, una región o un país, a más libertad en el funcionamiento del mercado, mayor será su eficiencia, y mayor y más rápidamente se hará factible la distribución de los beneficios del crecimiento en la población.
 
El logro de la eficiencia -subraya la doctrina que postula estas ideas- es mayor si el mercado opera libremente, sin interferencias. Esto nos hace recordar los preceptos del Consenso de Washington. El Consenso estipuló la liberalización de los diferentes mercados: el de bienes y servicios, el laboral, el del comercio exterior, el financiero. Prescribió, además, el cambio del rol del Estado, de un Estado conductor del proceso de desarrollo a un Estado subsidiario. De un Estado promotor y, a veces, productor, a un Estado supervisor, poniendo su fuerza institucional al servicio de la visión del mercado libre. Con ello el Estado dejó de ser el actor principal en el desenvolvimiento de la economía y la sociedad.
 
De otro lado, el crecimiento -al estilo de las naciones asiáticas, ya sea Japón o el sudeste asiático luchando por su industrialización- se logró con el Estado en ligazón con el mercado. Japón y Corea del Sur forjaron su industrialización luego de la II Guerra Mundial en base a planes elaborados por el Estado y ejecutados con miras a la concertación de los componentes sociales participando del proceso de expansión industrial. La sociedad no depositaba toda su confianza en el mercado, sino optaba por encargar al Estado a que dirigiera el proceso pero en estrecha conjunción de esfuerzos con el mercado. La fórmula era, entonces, Estado con mercado, no el mercado en un papel hegemónico.
 
En síntesis, el problema no es si debe haber crecimiento o no; está claro que no podrá haber para ningún país posibilidades de desarrollo sin crecimiento. Podría ponerse determinadas restricciones a la aserción. Pero parece no haber duda de que el crecimiento productivo es una de las premisas necesarias para el desarrollo. Por ello, la cuestión no reside en si deba producirse o no el proceso de crecimiento.
 
La cuestión está más bien en el cómo. La preguntas es: ¿debe darse ese crecimiento con base en el mercado, al punto que el mercado se convierte en el mecanismo hegemónico en el escenario de aplicación de las decisiones y de las políticas apuntando al desarrollo? ¿o con base en la asociación mercado-Estado, de modo tal que no existe hegemonía ni de uno ni del otro? 
Análogamente, con la inversión. La pregunta no es si debe haber inversión o no; la cuestión es si la inversión debe darse en un escenario de hegemonía del mercado, o ser el resultado del diseño y ejecución de políticas públicas y privadas en asociación de fuerzas. En el primer caso, el Estado se supedita al mercado; en el segundo caso, hay una interrelación fructífera entre los dos mecanismos, sin hegemonía de ninguno.
 
¿Qué está pasando, en ese sentido, en el presente decenio a nivel de las naciones periféricas?
Vamos a examinar brevemente los casos de la India y Brasil. Ambos países están siendo considerados entre los cuatro países que aparecen como potencias emergentes hoy en el planeta.[1] Sus economías cuentan con recursos estratégicos, su población es grande, con desarrollo tecnológico, con un nivel de desarrollo industrial adecuado, con acceso a un océano. Ambos países tienen una buena perspectiva.
 
India es el segundo país más poblado después de China, con 1,169’016 habitantes (en 2007)[2]. Obtuvo su independencia de Gran Bretaña en 1947. Desde 1951 impulsó su desarrollo mediante planes quinquenales, con énfasis en la industria intensiva en capital. En los decenios posteriores a la II Guerra Mundial se fortaleció el sector público, en un esquema de economía mixta. Aún en los últimos años, el Estado no ha perdido importancia[3]. Un ejemplo de ello es que aún en una etapa de liberalización del mercado a partir del año 1990, todas las licencias industriales se retiraron, con excepción de las relacionadas a la seguridad estratégica del país. En los últimos años, se ha dado una fuerte promoción del desarrollo tecnológico, en especial electrónica y comunicaciones, al punto que India se ha convertido en polo de desarrollo tecnológico a nivel mundial.
 
Por su parte, Brasil ha buscado desde hace decenios un alto nivel de crecimiento productivo. Desde 1930, cuando asume el poder un gobierno que se propuso terminar con la república oligárquica, Brasil es conocido por tener tasas de crecimiento altas: por ejemplo, 9.8% entre 1965 y 1973 y 8.4% entre 1970-1980. La economía brasileña es “la que más creció en el mundo en el siglo veinte”.[4] Entre 1930 y 1964, esa nación sudamericana eligió el camino de la autonomía nacional en lo económico[5]. Luego del golpe militar de 1964 se dio la figura de un Estado asociado[6] (con el capital foráneo). Es desde la presidencia de Cardoso que avanzó la idea de libertad pro-mercado. Hoy, con la segunda administración de Lula retornan las políticas sectoriales, el fomento de actividades intensivas en conocimiento[7], el Estado ha fortalecido las políticas sociales y se ha posicionado en términos de relaciones internacionales y defensa.
 
Son dos casos, los de la India y Brasil, en que se les reconoce su ascenso hoy en el tablero mundial. Es importante poner la atención en determinadas características, comunes a los dos países: 1) en ellos dos, su clase política tiene la idea de fortalecer la nación, tanto en una mirada hacia adentro (consolidación de un sentimiento de la población en pos de los objetivos de la nación) como hacia fuera, la búsqueda de un posicionamiento de la India y de Brasil en el sistema internacional, para construir una identidad de actores reconocidos en la dinámica global; 2) el surgimiento responde a una acumulación de fuerzas de entre 50 y 70 años, y hacia delante, se orientan por un proyecto de largo plazo para afianzar la consecución de objetivos nacionales; 3) no predomina la opción pro-mercado (el mercado como mecanismo hegemónico), sino que hay bases de concertación sobre las que discurren las políticas públicas; 4) en ambos falta un elemento crucial: la población, la satisfacción de sus necesidades y la expansión de sus capacidades.
 
Al respecto, India, por ejemplo, tuvo una tasa de crecimiento de 6.7% en 2008 y 6.2% en 2009 (a pesar de la crisis mundial actual)[8] pero el 41.6% de su población vive con menos de US$ 1.25 al día[9], la esperanza de vida en hombres es de 63 años (72.4 en Brasil)[10], y un 34% de la población de más de 15 años es analfabeta en 2007[11]. El coeficiente de Gini en 2004 fue de 38% en el área urbana (Brasil: 57.9%!)[12], los niños con bajo peso para la edad representaron un 45.9% en 2005 (6.9% en China, 6% en Brasil), y la tasa de mortalidad de niños de 0 a 5 años fue de 76 por cada 1,000 nacidos vivos (24 por cada 1,000 en China y 20 en Brasil)[13]. La relación virtuosa no se da en el binomio Estado-mercado. El binomio no es suficiente. La relación se cumple, más bien, en la trilogía mercado-Estado-población, si es que se da una armonización de roles entre ellos de modo tal que el principal protagonista -la ciudadanía, la población- esté asegurada en cuanto a su participación en los beneficios que se obtengan en el proceso de desarrollo y a la firme promoción de sus derechos económicos y sociales, al mismo tiempo que se vele por los intereses estratégicos del país.

 


[1] Brasil, India, Rusia y China componen el grupo que está siendo conocido a nivel mundial como el BRIC.
[2] United Nations Economic and Social Commission for Asia and the Pacific (UNESCAP), Statistical Yearbook for Asia and the Pacific, Cap. 1 “Demographic trends”, pg. 8.
[3] CHADJA, Vikram, “El modelo de desarrollo económico de la India”, en México y la Cuenca del Pacífico, vol. 4, núm. 14, set.-dic. 2001, pp. 72-78.
[4] SADER, Emir, “Brasil: una historia de pactos entre elites”, en Tiempos violentos; Neoliberalismo, globalización y desigualdad en América Latina. comp.. Atilio Borón, CLACSO.
[5] Es el largo período que se desenvuelve entre 1930 y 1954 (con pocos años de excepción) bajo la Presidencia de Getulio Vargas. Después de G. Vargas se mantuvo la ruta de industrialización con una orientación de política nacionalista. Pero desde 1964, si bien prosiguió la industrialización, esa opción fue continuada con un Estado que aceptó la asociación con el capital extranjero. El nacionalismo se dejó de lado.
[6] Término elegido y empleado por el sociólogo Fernando Henrique Cardoso al analizar el golpe militar ocurrido en su país en 1964. Ese gobierno duró entre 1964 y 1983.
[7] PERES, W.-PRIMI. A., Theory and practice of the industrial policy, CEPAL, jul. 2009, pg. 37.
[8] UNESCAP, Macroeconomic Policy and Development Division, Macroeconomic Update, No. 1, August 2009, pg. 2.
[9] UNESCAP, Statistical Yearbook for Asia and the Pacific 2008, Cap. 17 “Poverty and Inequality”, pg. 117. El dato es en precios internacionales de 2005, ajustados a dólares PPP.
[10] UNESCAP, op.cit., C. 1 “Demographic trends”, p.13. CEPAL, Anuario Estadístico 2008, p.32.
[11] UNESCAP, op. cit., Cap. 13 “Educational outcomes”, pg. 87.
[12] UNESCAP, op. cit., Cap. 17 “Poverty and inequality, pg. 119. CEPAL, op. cit., pg. 79.
[13] UNESCAP, op. cit., Cap. 4 “Child health”, pg. 29. CEPAL, Anuario Estadístico 2008, pg. 66.
 
Doctor en Sociología y Magister en Economía de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Magíster en Sociología Política y del Desarrollo del London School of Economics, catedrático de la Academia Diplomática del Perú y especialista en Planificación Estratégica.

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