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Lima, Sábado 16 de Deciembre del 2017  
COLUMNA DEL MES
Agua, agro y minería… La batalla empezó
* Yuri Vivar Miranda
(Publicado el 03/05/2012)

La vida, la formación de los pueblos y ciudades ha estado siempre asociado a los ríos, cuencas, lagos y océanos, es decir al agua. Las guerras en los próximos años también estarán asociadas al mismo elemento.

En la región Ancash como en otras,  sino es una guerra, por lo menos, ya se están librando las batallas, si lo represamos en Chuqicara, en Cascajal, si es represa única, si  se va para Chavimochic o para Chinecas.

El 2009 el Programa  para el Desarrollo de las Naciones Unidas (PNUD) en el segundo volumen de su informe anual de Desarrollo Humano, centra su mirada en las cuencas y la forma cómo la población ocupa y explota el territorio nacional, aprovecha su potencial y enfrenta sus vulnerabilidades para el desarrollo integrado.

Del informe se destacan muchos conceptos que quiero trascribir y sintetizar en el presente artículo y que invita a leer el informe completo para establecer  las condiciones materiales del territorio que permitan buscar modalidades u opciones del desarrollo que no sean propuestas neutras de aplicación universal, sino que partan de un claro conocimiento de las características del territorio y de la gente que habita en él.

 

“Conocer los factores que condicionan el balance entre la disponibilidad y usos del agua es uno de los temas más importantes al abordar la gestión de los recursos hídricos. En el Perú, las características que rodean la dotación y distribución del agua plantean desafíos enormes, que deben dar lugar a políticas y prácticas de uso acordes con tales condiciones”

 

El Perú es uno de los países más ricos en recursos hídricos, no obstante que su extensión representa solamente el 0,87 de la superficie continental del planeta, posee el 4,6% del agua superficial planetaria. Sus problemas, por lo tanto, no son de dotación sino de distribución territorial y de deficiente gestión.

 

En el Perú tenemos tres vertientes de agua superficial y del subsuelo. Las que van al Pacifico que representa el 1.8%, al Atlántico el 97.7% y al Titicaca  que representa el  0.5%, composición que es inversamente proporcional a la población asentada en dichas vertientes que son 62.35% para el Pacífico, 33.5% para el Atlántico y 4.15% para el Titicaca.  “No obstante este inmenso desequilibrio, según el cual menos del 2% del agua disponible debe cubrir las necesidades de más del 60% de la población nacional asentada en la vertiente del Pacífico, en la costa se arroja al mar el 53% del agua, mientras que el 47% restante se utiliza con una eficiencia de apenas entre 25% y 40%.”

 

“En la vertiente del Pacífico, a causa de la desigual distribución espacial, las variaciones estacionales y las características de la concentración poblacional, los casos de escasez (incluso extrema) se localizan en cuencas de la costa central y sur; mientras que las condiciones de la costa norte en conjunto son relativamente mejores, presentándose solamente algunos casos de cuencas con estrés hídrico”. Bajo estos indicadores no deberíamos estar librando batallas internas, basta con  considerar una distribución equitativa y ser eficientes en su uso para dar gracias a Dios por nuestra naturaleza bendita.

 

“El retiro de los glaciares en el Perú es un proceso irreversible que a la larga habrá de constituir el principal factor de escasez hídrica en las cuencas de la costa desde el Santa hacia el sur. Se estima que casi un tercio de la superficie glaciar se encuentra en la Cordillera Blanca, que se ha reducido desde la década de 1970 hasta ahora de unos 700 km2 a 525 km2 ”.

 

En consecuencia, las decisiones de desarrollo y uso adecuado del recurso agua pasan también por comprender el distinto uso que se da y se debe dar de una forma planificada a través de los distintos sectores productivos y poblacionales y que hoy por hoy están generando candentes conflictos sociales y políticos. “En estas relaciones existen marcadas diferencias según la actividad productiva de que se trate. Por ejemplo, la minería despliega un tipo de explotación o extracción que transforma radicalmente la organización y el paisaje territorial; algo similar ocurre con las grandes plantaciones forestales, con la urbanización y las actividades que la acompañan (construcción, manufactura, servicios). En cambio, la agricultura se adapta mejor al relieve del suelo, a las condiciones topográficas y al paisaje en su conjunto. En el marco de esa convivencia estrecha, el agro es una de las actividades económicas sujetas a las mayores influencias territoriales, de carácter geográfico, ecológico y socioeconómico”.

 

“Para que el suelo pueda conservar su capacidad de ser espacio de vida de plantas y animales, necesita la presencia del agua. Por otro lado, el deterioro de los suelos, su deforestación o desertificación modifican la distribución del agua en el ciclo hidrológico”

 

El estudio (PNUD) plantea un uso equilibrado y eficiente considerando el concepto de territorialidad, introduciendo una delimitación natural del territorio nacional a través de las cuencas  que  explica mejor los vínculos intra e inter regiones para un futuro planeamiento y previsión  frente al cambio climático y sus efectos naturales, como un valor agregado que en el Perú es aun potencial, en esa perspectiva sostiene, que en tanto no opere "en el país un sistema de gestión integrada de cuencas, no pueden concretarse estas ventajas para la transformación productiva de los recursos y para hacer posible un crecimiento sostenible”.

 

Precisa el estudio quela distribución del agua en el Perú para su uso por las actividades económicas y la población se ha establecido al margen del ordenamiento que podría darle un enfoque de cuencas. Pero aunque el uso mayor del agua superficial en el país es para fines agrícolas, el crecimiento poblacional, la expansión urbana sobre las mejores tierras de cultivo, así como el crecimiento significativo de las explotaciones mineras ocurrido en los últimos años, condicionan mayores demandas sobre este recurso” y que “la distribución del agua para el riego en el Perú favorece absolutamente a la región natural de la costa” porque “las políticas volcadas a favor de la costa no han tenido en cuenta que cada valle costero forma parte de una cuenca cuyas zonas altas se encuentran en la región natural de la sierra. Así, la ausencia de un enfoque de cuencas ha significado desatender las zonas altas y profundizar las brechas de desarrollo con las zonas bajas o valles”.

 

Para tomar en cuenta “por su carácter irreversible y creciente, la pérdida de glaciares es el proceso que en perspectiva producirá uno de los mayores impactos negativos sobre las condiciones de riego en la costa peruana. Se espera que los efectos mayores se produzcan sobre las áreas de los proyectos Chavimochic y Chinecas y en general sobre la cuenca del Santa, con riesgos de aluviones y problemas en el manejo de los sistemas de riego y cédulas de cultivo por la menor seguridad hídrica derivada del cambio climático”. Algunas cifras que nos pueden ayudar a discernir sobre el uso equilibrado de las aguas del rio Santa son que el 88% de la Población comprendida en el área de la cuenca está en Ancash y el 12% en La Libertad, el 79.7% de la extensión territorial de la cuenca se encuentra en Ancash y el 20.3% en La Libertad, ubicados estos en 9 provincias con 56 distritos en Ancash y 2 provincias con 9 distritos en La Libertad.

 

 

Por otro lado “la minería absorbe el 2% del consumo consuntivo total del agua en el país, pero sus actividades muchas veces se ubican en las zonas más secas o en cabeceras de cuenca donde se encuentran las nacientes de las aguas. Ello indica que su incidencia regional y local es mucho mayor que la reflejada a escala nacional” acrecentado porque “la enorme expansión de la industria minera de los últimos años en el país, ha prescindido en muchos casos de información, concertación y diálogo entre los actores involucrados. Las concesiones que hasta el año 1997 ascendieron a 2,3 millones de hectáreas saltaron a julio del 2009 a más de 19 millones de hectáreas”.

 

Esta situación lleva a hacer un análisis, entonces, del uso del agua por actividades económicas que nos permitan una mejor planificación.

 

El estudio precisa  que “cierto es que un mayor uso del agua, más que una mayor vocación agropecuaria, puede estar reflejando modalidades pocos eficientes de riego, o cédulas de cultivo altamente demandantes de los recursos hídricos de la cuenca”.

 

Por esta razón, se hace urgente en el sistema planificado una urgente reconversión agrícola no solo de cara a la competitividad y rentabilidad, sino fundamentalmente en el racional (costa y sierra) y eficiente uso del agua, ya quelas zonas altas, en general, no se benefician del dinamismo urbano y agro exportador, ni reciben tipo alguno de compensaciones, observándose en la mayor parte de ellas un escaso dinamismo productivo y un menor nivel de desarrollo humano.Porque  “no obstante, en el nuevo escenario de cambio climático y escasez de recursos hídricos que se cierne sobre el país, las laderas alto andinas pueden cumplir un papel estratégico en la llamada ‘cosecha de agua’.

 

Al respecto, algunos estudios “muestran que una importante línea de acción para adaptarse al cambio climático es utilizar la capacidad de las laderas altas para captar el agua de las precipitaciones. Ello supone, sin embargo, un esfuerzo por rehabilitar la infraestructura existente de terrazas y zanjas de infiltración, e impulsar la construcción de obras nuevas de este carácter. Asimismo, tal esfuerzo debiera acompañarse de programas de reforestación y conservación de suelos”

 

*Economista

 

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