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Lima, Sábado 16 de Deciembre del 2017  
COLUMNA DEL MES
Sobre el rol de las Fuerzas Armadas
* Andrés Acosta
(Publicado el 05/04/2012)

Sobre los roles y la misión constitucional sugeridos en notas anteriores, aún se discute si sería conveniente priorizarlos, estableciendo cuál sería el primordial y cuáles le seguirían en orden de importancia o jerarquía. Sobre el fundamental, parece haber consenso que es lo instituido por las Constituciones de 1979 y 1993: “garantizar la independencia, soberanía e integridad territorial”. Este rol responde a su ethos institucional primigenio, a su razón de ser, lo que las legitimaba y el argumento más firme para justificar la existencia de las FF.AA, fundamentado en la Constitución histórica del Perú, la no escrita, pero que está en la memoria colectiva de todos los peruanos.

Desde la primera Constitución (1823) se le asigna  “la defensa y la seguridad de la República” (Art. 164°). Alberto Otárola Peñaranda (Conferencia 2002),  cuestiona la inclusión constitucional en 1979 y 1993 del término “garantizar la independencia”, considerándolo una responsabilidad expansiva que no es de competencia exclusiva de los militares, pero no hace acotación alguna a los términos “soberanía e integridad territorial”. En el mismo sentido se redactaron artículos del Proyecto de Reforma Constitucional del 2002 al señalar: “todo peruano tiene… el deber de: 1)… defender la soberanía, integridad territorial…” (Art. 54°) y “son deberes primordiales del Estado: defender la soberanía nacional; preservar la integridad de su territorio…” (Art. 66°).

El término “garantizar la independencia…”, se refiere a la “independencia territorial”, que implica la defensa armada del país ante invasiones o intentos de sometimiento por las armas. Esta defensa no es atributo exclusivo de las FFAA, sino de todo el país. Además, la novena “Política de Estado del Acuerdo Nacional” (julio 2002) señala: “Nos comprometemos a mantener una Política de Seguridad Nacional que garantice la independencia, soberanía, integridad territorial y la salvaguarda de los intereses nacionales. Consideramos que ésta es una tarea que involucra a la sociedad en su conjunto, a los organismos de conducción del Estado, en especial a las Fuerzas Armadas…”. Esta mención de compromiso, significa la legitimación y confirmación del rol fundamental e histórico de las FFAA.

En cuanto al término “soberanía nacional”, las corrientes globalizantes buscan relativizarlo o minimizarlo, intentando remplazar el adjetivo “nacional” por conceptos tales como “soberanía compartida”, “soberanía efectiva”, “soberanía restringida” u otras denominaciones que adjetivan la palabra soberanía . Ninguna de estas expresiones está claramente  conceptualizada, ni se explica cuál es la pretensión de proponer su discusión en diferentes foros internacionales, a no ser que por este mecanismo se busque la desaparición o minimización de las FF.AA en países como el nuestro.

El argumento más común, alrededor de estas nuevas adjetivaciones para el término soberanía, es que algunos Estados, a través de sus gobiernos de turno, no están teniendo la suficiente capacidad para sostener el nuevo concepto de “gobernabilidad democrática”. Ello implicaría que no son capaces por sí mismos, de superar las diferencias sociales y económicas entre sus ciudadanos, que sus sistemas de justicia son lentos y vulnerables a la corrupción, que sus burocracias estatales no poseen una capacidad mínima para controlar los flujos de información, los asuntos medioambientales, las organizaciones criminales, etc., perdiendo así todo poder para llevar a cabo procesos de desarrollo económico-social democráticos y equitativos. Esta situación, configurarían riesgos y generarían vulnerabilidades que traspasan las fronteras territoriales, evidenciando la necesidad de un tutelaje internacional disfrazado como mecanismos de cooperación, sujeción a organizaciones supranacionales y jerarquización de las Constituciones nacionales por debajo del ordenamiento jurídico-económico-militar del llamado “Nuevo Orden Mundial”.

Este Nuevo Orden Mundial, que no se sabe quién lo lidera, estaría promoviendo mecanismos de gobernabilidad global, dentro de los cuales aparece la suplantación de los actuales Estados-Nación por estructuras o formas de gobierno regionales, con mayor capacidad de manejo de los flujos económicos principalmente, y donde la soberanía y autonomía Estatal se minimizará en la medida que vaya aumentando la gobernabilidad regional en una primera fase  y la global en una fase superior.

En este escenario prospectivo, las FF.AA nacionales deberán desaparecer para dar paso a las FF.AA multinacionales, donde la asignación de roles a la manera de una división del trabajo, se materializa de acuerdo al desarrollo tecnológico-educacional de cada país miembro del Estado Regional. Al estar afectada la soberanía nacional, entonces el concepto de territorialidad también se cuestiona o por lo menos no tendría la misma dimensión de antaño. Por consiguiente el rol de las FFAA nacionales, “defensa de la soberanía nacional y preservación de la integridad territorial” perdería vigencia, recobrando bríos el intervencionismo internacional para la solución de conflictos no sólo interestatales sino también los internos.

La cuestión está en saber: ¿quién o quiénes instrumentalizarían este intervencionismo?, ¿cómo la orientarían?, ¿cuál será el papel de los Estados hegemónicos o grandes potencias?, ¿qué intereses o fines privilegiarán las potencias económicas? Si el ser humano hubiera sido capaz de dominar todas sus debilidades, desde la formación de la primera civilización se habría encontrado la forma ideal de vivir en paz y en comunidad. La realidad es que a través de los siglos los conflictos se han venido sucediendo por múltiples causas y pretextos: espacio vital, recursos naturales, intereses económicos, supremacías raciales, ideológicas o religiosas, afán de poder individual o de grupo, y hasta por razones supuestamente altruistas como acabar con el sufrimiento de los oprimidos, alimentar poblaciones o regiones castigadas por la naturaleza, etc. Por supuesto que es deseable la paz y todos los pueblos, razas y religiones del mundo la anhelan, pero ¿quién o quiénes son los iluminados que tienen la solución?, ¿acaso, no se estará gestando alguna nueva forma de dominación, a escala mundial, en beneficio de unos pocos?

El desafío para nuestros líderes, gobernantes y legisladores, será encontrar fórmulas propias  de convivencia pacífica dentro de nuestros espacios territoriales, concertar y convenir acuerdos internacionales basados en condiciones de solidaridad, igualdad de trato, tolerancia y libertad. Esto implicará reafirmar el carácter soberano de nuestro país, sustentado en una legitimidad otorgada por los ciudadanos a los gobernantes a través de procesos democráticos, que les permita contar con la fuerza moral colectiva para lidiar con presiones exógenas y endógenas, visualizando el beneficio de las mayorías, el progreso y desarrollo como nación y la superación de las inequidades de toda índole que aún subsisten en nuestro país.

Por otro lado, hay ponencias que sólo justifican la existencia de este único rol para las FF.AA, como una previsión para enfrentar una amenaza de guerra exterior o de estar al borde de una guerra civil para empleo interno, es lo que Miguel Ángel Rodríguez Sosa denomina “tesis de la unicidad del rol castrense”, que no admite que se asignen otros roles a las FF.AA. Rodríguez señala: “…predomina entre los analistas adscritos a entidades académicas norteamericanas de defensa la idea de que los ejércitos de América Latina no tienen una verdadera misión de guerra que cumplir (Sethi Manpreet: El nuevo papel de los militares en América Latina. Métodos e interpretaciones) y que los ejércitos en esta región se han ‘convertido en algo más que fuerzas policiales bien armadas, cuya principal tarea es preservar el orden’ (Harold E. Davies: El gobierno y la política en América Latina)…Plantean, por tanto, que las FFAA pueden y deben actuar una pluralidad de roles institucionales…”

Rodríguez agrega: “Otro núcleo de analistas sostiene la idea central de que la misión primordial de las FF.AA es evitar la guerra, por ello deben estar preparadas para ganarla… coincidiendo que el fin  primordial es garantizar la independencia, la soberanía y la integridad territorial de la república. Sólo admiten que las FF.AA podrán colaborar en la atención de emergencias y desastres naturales, extraordinaria y transitoriamente. Plantean que ellas deben actuar un rol único, orientado a la defensa externa y al restablecimiento del orden interno…En el medio nacional Fernando Rospigliosi es el ensayista civil que más consistencia ha mostrado en la defensa del rol único de las FFAA…”

Rodríguez concluye su análisis, adhiriéndose a la tesis de pluralidad de roles justificándose así: “Asistimos en el Perú a la controversia entre ambas corrientes de opinión, los partidarios de la pluralidad de roles militares versus partidarios del rol único… los ponentes de la controversia trivializan el tema al omitir que la asignación de roles a las FFAA no puede ser resultado de un ejercicio de voluntad política, menos todavía de una decisión militar autónoma… debiera ser evidente que las FF.AA tiene roles determinados por  prescripciones constitucionales… Cualquier cambio de roles implica una modificación constitucional y no puede ser decidida administrativamente…Creo que, contrariamente a lo que piensan los defensores del rol único de las FF.AA, la pluralidad de roles militares que se ha materializado en la experiencia peruana de los últimos 40 años no es resultado de la arbitrariedad de los gobernantes de turno ni simplemente el fruto de la creciente intervención militar en los asuntos políticos y en la gestión estatal desde los setentas. Es una parte del contrato social que se ha materializado en tres Constituciones (1933,1979 y 1993) y expresa un periodo de la configuración histórica de la sociedad y del Estado peruanos….”. Por mi parte, suscribo lo expresado por Miguel Ángel Rodríguez Sosa sobre este aspecto de la pertinencia del pluralismo de roles para las FFAA del Perú.

(*) Andrés Acosta es General de Brigada (r) del Ejército Peruano, Magíster en Realidad Nacional, Desarrollo y Defensa Nacional, Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales. Fue Director Nacional de Educación y Doctrina del Ministerio de Defensa del 2008 al 2009. Esta nota está publicada en su blog http://andresacosta.lamula.pe

 

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