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Lima, Lunes 28 de Mayo del 2018  
RINCÓN DEL EDITOR
Palabra Barata
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(Publicado el 04/01/2018)

El pedido de vacancia y su evidente “trueque” por el indulto a Alberto Fujimori, han dejado al presidente y al gobierno en una orfandad absoluta.

Más allá de su victoria pírrica, el mandatario ha perdido legitimidad ante la opinión pública, y en nuestra opinión, debió ser vacado por mentir y ocultar sus tratos con las empresas cuestionadas. Si estas trapacerías se las hubieran descubierto a otros líderes, ya estarían en cárcel. Pero la progresía jurídica, política y mediática tiene un estándar para cada caso.

Que las típicas actitudes infantiles y odiosas de un sector de la izquierda u obsesiones del congresista Kenyi Fujimori haya salvado al jefe de Estado, por ahora, es otra historia, porque según las versiones políticas y periodísticas, la palabra del funcionario de Odebrecht afectará a algunos políticos, pero especialmente a él. No la sacará Barata.

Por otro lado, ese mismo grupo que fue capaz de abortar una vacancia por demás justificada, se muestra indignado y pide su cabeza, y finge convertirse en émulo de las “madres de la plaza de mayo” argentinas. Insisten y persisten, pero la tienen muy difícil. Pero ponen al gobierno nominal, casi fantasmal, en un aprieto.

En ese escenario, nos sorprende - o quizá no debería sorprendernos - el llamado a la reconciliación. Este proceso no es posible en la medida que desde hace años funcionarios, medios y un radical sector de ciudadanos han estado repitiendo como una letanía que el ex presidente Fujimori es casi un genocida, y no lo que realmente fue: un gobernante autoritario y corrupto, que aunque no nos guste, tuvo logros. Y también resulta ridículo hablar de un gabinete de “ancha base”, devaluado concepto del mediocre belaundismo ochentero.

Va a ser muy difícil, aún para los propagandistas del gobierno, hacer creer que el régimen es sólido, legítimo y eficiente. Algo que han intentado de un modo nauseabundo desde que se presentó el pedido de vacancia, argumentando la estabilidad. ¿Cuál estabilidad, con un presidente declarando ante la fiscalía? ¿Qué empresario honesto va a invertir en el país? Pero se apuesta por lo ocurrido durante el toledismo, cuando la economía, o mejor dicho los metales, le salvaron la cabeza a una administración, tanto o más corrupta que la noventera.

No sólo los odiados líderes de oposición están en cuestión, sino también la actual administración “de la mentirita”, de la circense defensa de Alberto Borea, que nos gustaría saber con qué recursos se pagó, del “poquito de contrabando” y “un troncho”, o ese bodrio que bien podríamos denominar PPK TV. En otras palabras, la farsa. ¿Qué tan difícil es entenderlo?

Esperemos que la palabra Barata, o mejor dicho, que la palabra de Barata, nos aclare esto, después de una exhaustiva investigación fiscal, lo más pronto posible.

  

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