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Lima, Domingo 17 de Deciembre del 2017  
RINCÓN DEL EDITOR
Función continuada
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(Publicado el 31/08/2015)

En setiembre del 2000, con la aparición del video Kouri-Montesinos, se terminó de derrumbar la autocracia fujimorista. Autocracia que ya se había resquebrajado mucho antes, con el suicida intento de reelección del expresidente Fujimori, decisión que hasta ahora debe estar lamentando. 

Lo que se vio después, fue una serie de videos mostrando al asesor en conductas antiéticas o corruptas. Se habló de videos perdidos, quemados, y vendidos. Hubo quienes hacían cualquier cosa con tal que los videos no fueran propalados. En el peor momento de su régimen, se habló de un video Toledo-Montesinos. 

Pues bien, quince años después, aparecen unas agendas con anotaciones que comprometen a la primera dama. Agendas que dijo no eran suyas, para posteriormente denunciar robo de documentos. 

En el colmo del delirio, y quizá siguiendo la estrategia de su socio político, el ex presidente Toledo, de confundir a la opinión pública, la primera dama afirmó, en otro momento, que estaban contaminadas, y que eran truchas. Poco le faltó a la presidenta de facto y sus allegados, para decir que la culpa del escándalo la tiene su excéntrico ex parlamentario Álvaro Gutiérrez, y unas pobres truchas que entraron a su domicilio, "contaminaron" las supuestas agendas, y las llenaron de datos, nombres, montos y fechas falsas, que pasan por Caracas y llegan a Brasil. Contenidos explosivos que hay que desactivar a como dé lugar. Esto se habría aclarado si la presidenta real, se hubiera decidido a hacer la pericia grafotécnica, pero no la quiso hacer. Esa pericia es equivalente al negado ADN del ex presidente Toledo, a propósito del caso de su hija Zaraí.

Si antes la estabilidad del fujimorismo y su entorno dependía de un escondrijo donde se guardaba videos con imágenes, palabras y acciones inconfesables, la del actual régimen parece depender de que la verdad de las agendas no salga a la luz, como no salió a la luz, -o por lo menos no se aclaró totalmente- en el caso de Óscar López Meneses, y como se busca que no se llegue a la verdad en el caso de Martín Belaúnde, aunque a decir de los entendidos, en este caso, hay indicios que justifican un pedido de denuncia penal contra la señora Heredia, y ahora convendría que los medios de prensa sigan monitoreando el caso, pero también que retomaran otros temas importantes, como la inseguridad ciudadana, la cada vez más notoria desaceleración económica, y las medidas de emergencia que se están aplicando para enfrentar el Fenómeno del Niño. 

Estos deberían ser los temas de agenda y de campaña, pero nos tememos que al igual que en ocasiones anteriores, vamos a tener una campaña de ataques, sospechas y escándalos. Poco se espera en cuanto a reformas estructurales, mucho menos sobre reformas electorales. 

Las propuestas muy probablemente quedarán relegadas u olvidadas por el clima de conflictividad, cuya temperatura aumentará conforme nos acerquemos al mes de abril, y en ese contexto es muy difícil avanzar, ahora que necesitamos inversión, y no indolencia gubernamental en el sector minero-petrolero, con el problema del lote 192, concesionado a una empresa canadiense, y con el cual el Poder Ejecutivo lanza una señal clara: no evaluará más la participación de Petro – Perú. Y mucho cuidado con el paro convocado por el Frente Patriótico. Los ciudadanos ya estamos hartos de violencia y muerte impune.

Cabe recordar que tanto la ministra del sector como el primer ministro, insisten en que la empresa estatal todavía no está preparada para asumir el reto de la exploración y explotación. Hubiera sido importante que algún congresista les preguntara qué ha hecho el régimen desde el 2011 para fortalecer a la empresa, para empezar, con un buen gobierno corporativo. Y también sería necesario conocer que va a hacer para garantizar los proyectos mineros  en marcha y promover inversión. 

La política peruana no es más que la repetición continua de una función de poca monta, un déja vu de un espectáculo mediocre, que los ciudadanos estamos obligados a presenciar, una y otra vez, con pocas herramientas para cambiar, y con el agravante que afecta al país.

 

 

    

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