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Lima, Viernes 15 de Deciembre del 2017  
RINCÓN DEL EDITOR
La hora de la oposición
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(Publicado el 03/05/2013)

Pese a que el gobierno afirmara que desistió de comprar los activos de Repsol, tales como la refinería La Pampilla, los grifos y Solgas, “por razones técnicas”, resulta evidente que ésta no ha sido la razón. Queda claro que más que eso, lo que ocurrió es que la oposición al interior del propio gobierno, manifestada a través del ministro Castilla, y muy probablemente, de la primera dama, el Congreso, al fin, y externamente, en sectores empresariales, académicos y periodísticos ha impedido que esta polémica medida se concrete. En otras palabras, el gobierno dio marcha atrás por razones políticas, y no técnicas, como nos quieren hacer creer sus voceros.

Las razones técnicas se plantearon desde el primer momento: la inversión que requería la planta, la falta de capacidad técnica y financiera de Petro - Perú, el desinterés de los privados por participar en esta aventura, que según algunos podría ser un buen negocio… sólo para el gobierno.
 
La interrogante sería entonces por qué el gobierno habría lanzado esta idea. Cada quien tiene su interpretación. Nosotros pensamos que el régimen no tiene claro su rumbo, y cree, con buenas intenciones, que la medida era positiva, y hubiera servido para regular los precios (¿e Indecopi, y Osinergmin?) o más maliciosamente, que el presidente, o algún allegado a él quiso aplicar esta medida más que para virar a la gran transformación, o quizás hacia una “gran financiación” de su propaganda política, no sabemos si de reelección indirecta, a través de la señora Nadine Heredia.
 
Sin embargo, según nuestro columnista Germán Lench, la razón de esta abortada compra sería que, desde el estado se ha querido realizar un salvataje de las AFP, que poseen 20% de las acciones en una empresa quebrada, lo cual hablaría muy mal de su profesionalismo, pues el dinero de los afiliados no debe invertirse en un negocio tan arriesgado como el petrolero, que resultaría, casi como invertir en la bolsa. Lench se pregunta qué tienen que decir al respecto las AFP sobre esto, y la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP, y sugirió, que el Congreso, a través de su comisión de Economía, o de Fiscalización investigue este hecho. Esta versión de inversiones de las AFPs en la Pampilla coincidiría con lo expresado por el congresista oficialista Daniel Abugattás.  
 
Por otro lado, las causas para oponerse a esta medida son varias, pero la principal es que ni Petro-Perú, ni el estado, han sido buenos empresarios. Entonces, sin directorios autónomos, cuadros gerenciales, ni capacidad financiera, resulta difícil de creer que la empresa llegaría a buen puerto. El día que tengamos un estado de estándares suecos, alemanes o de Singapur, quizá podamos intentar incursionar en este tipo de actividades, pero por ahora, no. ¿Para qué meternos en honduras? Los retos en educación, salud, justicia y seguridad son enormes, y la brecha de infraestructura de 80 mil millones de dólares hace imprescindible que el estado se aboque en estas tareas, y no en emplear nuestro dinero en negocios de alto riesgo.
 
Queda pendiente en lo que se refiere a Petro-Perú, saber cómo se va a financiar la modernización de la refinería de Talara, y la exploración de los pozos petroleros que han revertido al estado peruano, y en otros aspectos, que el ejecutivo diga de una vez que la primera dama no va a postular, y que se olvide de cualquier propuesta populista de bienestar efímero y que ocasione crisis futuras.
 
Un cable de Wikileaks describía al presidente Ollanta Humala como una persona de buenas intenciones, pero que no estaba preparado para gobernar el país, y según vemos, no tiene ideología. Sus frases parecen ser “ideas fuerza” que alguien le susurra por ahí.  Si el presidente no está preparado, tendrá que aprender rápido, porque oponerse de forma altisonante a un gobierno para ganar votos es una cosa, y gobernar sensata y democráticamente, otra. Y, con todo respeto, debe modular su lenguaje. El país no es un cuartel. 
 
Es la hora entonces que la oposición, si el gobierno no tiene claro el camino, lo ayude a llevar uno, a encontrar fórmulas que lo ayuden a desarrollar proyectos trabados no sólo por conflictos sociales, sino por la incapacidad del humalismo de promover inversión no sólo privada, sino también pública, lo cual pasaría por una reforma del Sistema Nacional de Inversión Pública (SNIP), algo que plantean muchos economistas.
 
Es preciso, pues, que la oposición le diga NO a los errores o excesos que pueda cometer el gobierno, que los partidos en el Congreso entiendan que la estabilidad macroeconómica no es suficiente para llevarnos al desarrollo, que nombren, de una vez, al Defensor del Pueblo, a los Magistrados del Tribunal Constitucional, y a los directores del Banco Central de Reserva, un compromiso que asumió su actual presidente, Víctor Isla. Que los medios de comunicación dejen de tratar al gobierno con complacencia.
 
El presidente y el régimen deben entender - si no lo saben ya - que la economía de mercado y la institucionalidad es la mejor manera para continuar avanzando. Y si no lo entienden, es necesario que la oposición se lo haga recordar. Es su hora y su tiempo. 
 
 
 
 

 

 

 

 

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